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El refugio de los genios

"El literato Ibn Shuhayd sentía, según dice en su 'Epístola de los Genios', que su lengua árabe se había quedado sola en al-Andalus brillando en su genio"

La Alfaida

Layla Jreis
Layla Jreis

En las últimas décadas del califato omeya de Córdoba, en tiempos del gran Almanzor, el arráez que les usurpó el trono al final de sus días, surge la figura del literato hispanoárabe Ibn Shuhayd. Fue conocido por su rebeldía en tiempos de juventud, se vanagloriaba de no seguir las enseñanzas institucionalizadas y ridiculizaba a los profesores y cadíes por impartir libros que no entendían. Sentía, según dice en su 'Epístola de los Genios', que su lengua árabe se había quedado sola en al-Andalus brillando en su genio, pues, a pesar de ser autodidacta, era el mejor de su tiempo, tan bueno como las figuras más reseñables de la literatura oriental del califato abasí en Bagdad.

Tenía una imaginación desbordante y escribió una epístola* fantástica en la que viajaba a lomos de un caballo volador que le transportaba a la tierra de los genios inspiradores de esos literatos orientales, para así poder medirse con ellos y obtener reconocimiento. Así se encuentra al gran poeta Abu Nuwas, conocido por su poesía báquica y su libertinaje en los tiempos dorados abasíes, que había muerto hacía dos siglos. Lo encuentra ebrio en un monasterio al que había entrado hacía diez días. Ibn Suhayd le recita uno de sus poemas con orgullo, y el genio del difunto reconoce que ni siquiera él fue capaz de inspirar tales joyas. Igualmente se encuentra con al-Mutanabbi, que había sucedido al anterior en esplendor poético por más de un siglo, guerrero acusado de dárselas de profeta, amado por su estilo potente y arrollador en tiempos de decadencia y oscuridad. Este, subido a su yegua blanca y con un turbante amarillo le augura buen porvenir si se alarga con él la vida.

Pero la vida no se alargó con nuestro desdichado artista de la palabra. Tuvo que sufrir en sus propias carnes y derrotado, pues era cortesano, la caída de Córdoba en la guerra civil y la destrucción de su majestuosidad a manos de los tribales amazig norteafricanos. Plasmó en versos la primera elegía que se escribió en al-Andalus sobre una ciudad, y escribió cartas buscando auxilio, pues quedó paralizado –literalmente– ante tal contexto, atrapado en la ciudad sin encontrar su sitio. Así murió en su casa tras padecer una parálisis que se fue arrastrando por su cuerpo hasta que le dejó de piedra. Aunque nosotras seguimos oyendo a su genio, que nos sigue hablando desde su mundo, creando ilusión en tiempos de plomo.

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* Se trata de Risalat al-tawabi‘ wa-l-zawabi‘, traducida al castellano bajo el título 'Epístola de los genios'. Se cree que es un antecedente de la 'Divina Comedia' de Dante. La ilustración es uno de los grabados que hizo Doré para esta última.

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