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Caída libre

"Solo puedo describir la experiencia de saltar en SkyDive Dubai como una de las más increíbles de mi vida. No se puede explicar con detalle que se siente en tu cuerpo, pero si en tu mente: te sientes libre"

Cartas anónimas

Francisco de Paula

Indiscutiblemente que uno de los principios de la humanidad ha sido luchar contra todo lo que nos hace esclavos. Contra todo aquello que nos apresa y nos impide ser completamente libres. No existe en el mundo una regla física más indefectible que la gravedad; nos guste o no, estamos atornillados a este mundo por una fuerza invisible que nos encadena a su eje. Y la humanidad, en ese afán de romper con las cadenas que nos atan, se ha inventado un sin número de formas y maneras de romper esa regla: aviones, helicópteros, naves espaciales y un largo etcétera que continúa hasta el ejemplo más básico, simple y natural de libertad, el salto al vacío con paracaídas.

Soy de quienes piensan que al margen de los motivos que nos hagan sentir miedo, siempre debemos darnos la oportunidad de enfrentarnos a esa sensación de incertidumbre que muchas veces no es más que otra de las cadenas invisibles que nos impiden ser libres, me atrevo a decir que en ocasiones la cadena del miedo puede ser incluso más fuerte que hasta la misma gravedad.

Mi relato de este día tiene que ver con el miedo, con la gravedad, con romper cadenas y con ser libres.

Como muchos, alguna que otra vez disfruté desde la tierra de la majestuosidad del paracaidismo y, como muchos también seguramente, me imaginé realizando todas aquellas maniobras de estas personas que están llenas de coraje para ir contra las leyes naturales de la supervivencia y enfrentarse cara a cara contra el miedo a morir, ya que saltar a más de diez mil metros de altura a una velocidad de caída libre de entre 180 a 300 km/h, podría ser considerado para algunos algo un tanto peligroso.

Estando en Dubai, una ciudad que parece especializarse en el cumplimiento de los sueños, donde se han creado, por ejemplo: una pista de nieve en el desierto o la torre más alta del mundo, no podía faltar una instalación que permitiera a las personas romper la ley más elemental de la presencia física en el planeta, la gravedad.

Fue así como me personé junto a un gran amigo a las instalaciones del SkyDive Dubai, donde luego de registrarme en el salto Tandem (salto guiado con un profesional), firmé voluntariamente mi salto al vacío desde un avión a 10.000 metros de altura.

Llegando el momento empiezas a sentir un leve sudor en las manos, te empiezas a concentrar mucho en recordar las instrucciones exactas del instructor sobre las posiciones para y durante el salto, te empiezas a preguntar si debiste o no comerte aquella hamburguesa con queso de hace una semana, en fin, los nervios empiezan a hacer aquella que es su función: llenarte de miedo.

Se prepara la avioneta a despegar y ya tienes puesto el arnés que te convertirá en algo así como un accesorio o prenda de vestir adicional del paracaidista que guiará tu salto, quien gracias a Dios se encargará de todo, pues ¿imagínate que te tocará hacerlo a ti?, sería literalmente un descontrol.

Se sientan todos los que saltarán en esta oportunidad, uno al lado de otro, internalizando sus pensamientos y permaneciendo muy callados en el ascenso, la mayoría son profesionales, todos evidentemente con cientos de saltos por encima de ti; sin embargo, a pesar de ello, en medidas tal vez distintas, una realidad es indiscutible: al igual que tú, todos tienen miedo.

Una luz verde se enciende detrás del asiento del piloto, es la señal de que ha llegado el momento, te preguntas si serás capaz, sabes que son solo segundos lo que separan el antes y el después de esta experiencia, se abre la puerta y el silencio termina intempestivamente, un aire frío que se siente en la atmósfera invade la cabina y se interna hasta tus huesos como una avalancha de razones para que no saltes, casi como si el mundo buscara congelarte para que no puedas dar un paso al frente, el miedo te tiene encadenado a esa silla, pero en ese momento sucede algo increíble: todos antes de saltar te miran deseándote suerte usando los gestos de aprobación más simples y universales que existen, un pulgar hacia arriba y una sonrisa, ahí estuvo la llave que abrió los grilletes de mi cadena, y a pesar del miedo que sentí al caminar por aquel pasillo hacia la puerta abierta de un avión en las alturas, no sé si saltamos a la cuenta de 3 o 1, en ese momento solamente recordé sonreír con la esperanza de llegar ileso al otro lado del muro, estar en el grupo de los que tuvieron el coraje y vivir junto a ellos esa experiencia que solo puedo describir como una de las más increíbles de mi vida. No se puede explicar con detalle que se siente en tu cuerpo, pero si en tu mente: te sientes libre.

Ya el miedo y las dudas quedaron atrás, y vas en caída libre de nuevo hacía la tierra probablemente a vivir con los pies más puestos sobre ella sabiendo que cuando quieras cabe la oportunidad de romper la regla y flotar, aunque sea por un rato, tienes una nueva obligación: convertirte en un ente de cambio, para romper cadenas a veces basta solo con sonreír, y en el mundo la mejor cadena y la única que debería existir es una cadena de favores, todos apoyándonos entre sí para ser libres.

La vida se trata de momentos, de oportunidades que muchas veces dejamos pasar por el miedo que puede ser el peor obstáculo, son tantos los casos de personas que no tuvieron aquel trabajo con el que siempre soñaron solo porque no se atrevieron a aplicar. Me imagino cuántos amores de la vida de uno y otro vagan por el mundo porque alguno no tuvo el coraje ni siquiera de decir hola, o cuántas personas perdemos a veces para siempre por el miedo a pedir perdón

A los que llegaron hasta las líneas finales de este escrito les invito a saltar, ya sea de un avión con paracaídas o de la cama cada día para enfrentar los retos de la vida, pues les aseguro que, en ella, las recompensas serán proporcionales a los retos que se atrevan a enfrentar.

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