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El bostezo

"No me extrañaría que en este mismo momento estemos creando una cadena de bostezos en diversas partes del mundo"

Si ha comenzado bostezando querido lector, no es raro, pues bostezar, incluso pensar en ello, es de lo más contagioso del mundo. No me extrañaría que en este mismo momento estemos creando una cadena de bostezos en diversas partes del mundo y es que el bostezo, en cierta forma, es un código de lenguaje, que funciona bien entre desconocidos, independiente de su procedencia o lenguaje, pues acto seguido al bostezo puede acompañarse de una sonrisa o una señal de desagrado.

El bostezo suele ser sinónimo de una carencia, de comida, de descanso, incluso quizás de afecto. Huella indiscutible de la pereza, aunque también puede ser una estrategia de indiferencia frente a lo que se busca o se desea, es decir una mala herramienta en el amor, producto de la timidez o de una perversa arrogancia mal disimulada. Muchos en el colegio, cuando veíamos a la jovencita que nos robaba el sueño, para no delatarnos, ante su presencia fingíamos un bostezo indiferente, que luego se convertía en frustración, pues ni siquiera lográbamos otro bostezo de respuesta. Necia e inocente táctica de cortejo.

El bostezo es lo primero que aprende el ser humano, la señal indiscutible para que la mamá acuda a socorrer al niño que suplica por alimento y que sin poder hablar, solo atina a abrir desmesuradamente su pequeña boca. Pero así como es un signo de auxilio, también es la señal mas temida por parte de artistas, comediantes, actores de monólogos pues es la cuota inicial para que los espectadores comiencen a abandonar un escenario o una competencia deportiva, cuando los deportistas no se entregan en sudor y lágrimas.

Al escritor también le asusta el bostezo de sus lectores, aunque cuenta con la ventaja que no tiene que soportar esa reacción. Por eso muchos autores no acuden a las redes sociales, porque ahí sí se pueden materializar los bostezos de la crítica negativa a sus obras, de manera directa y sin anestesia, basta con un invento heredero de los jeroglíficos egipcios, los emoticones.

Pero el bostezo, tiene una función terapéutica, oxigena el cerebro, eso lo aprendí en el programa Saber y Ganar, producción cultural que no motiva al bostezo, descrito en los párrafos anteriores. Así que si lo desea, estimado lector, puede darse otro bostezo, y si alguien lo critica, simplemente puede decirle que está oxigenando su cerebro, pero no diga que fue leyendo este artículo.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco. En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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