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El buen Francisco en tierra colombiana

"El Papa argentino provocó que se desbordaran Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena en su recibimiento, no era un Jefe de Estado el que llegaba, ni una estrella mediática, era el líder espiritual de millones de almas"

El poema que me estremeció en el amanecer de mi juventud fue 'Los Motivos del Lobo' del genio nicaragüense Rubén Darío, desde aquel día en que lloré tras leerlo, me convertí en seguidor del hermano Francisco de Asís y su causa. Por eso cuando el primer pontífice venido de América Latina, a pesar de ser jesuita decidió llamarse Francisco en honor de aquel siervo humilde de Jesús, también me pasé a su bando y de hecho, desde aquel día, el Vaticano me parece menos sombrío que antes.

Escribo estas líneas, mientras el avión de la aerolínea colombiana Avianca cierra sus puertas, llevando de regreso al Papa Francisco a Roma, luego de una intensa y emotiva semana en Colombia. La relación de los papas con Colombia resulta muy especial, pontífices que sin haber pisado nuestro suelo como León XIII o Juan XXIII dejaron su huella, pero sin duda las visitas de Paulo VI en 1968, de Juan Pablo II en 1986 y la reciente de Francisco, marcan la relación entre el pontificado con Colombia, incluso podría contarse a Benedicto XVI, quien viajó varias veces al país siendo cardenal.

Paulo VI dejó entre otros recuerdos uno de los barrios más tradicionales y bellos de Bogotá. Juan Pablo II viajó a un país que había terminado de pasar por dos terribles tragedias, una natural y otra humana, el deslave del Nevado del Ruiz y la masacre del Palacio de Justicia. A pesar del dolor y la desesperanza, fue la semana más tranquila y alegre que recuerdo en nuestro país, bueno, quizás hasta la presente, cuando ha llegado Francisco.

El Papa argentino provocó que se desbordaran Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena en su recibimiento, no era un Jefe de Estado el que llegaba, ni una estrella mediática, era el líder espiritual de millones de almas, especialmente de los jóvenes, como los que le cantaron a la entrada de la Nunciatura, chicos que fueron rescatados de la calle y de sus peligros, gracias a una entrañable entidad fundada por el fallecido sacerdote Javier de Nicoló, ahora INDIPRON, entidad de la Alcaldía de Bogotá. Son jóvenes que resplandecen en belleza, creatividad y talento, seres humanos que otros en su momento habían calificado de irrecuperables.

Este viaje quedará en la memoria y el corazón de todos los colombianos, independiente si son o no católicos, un viaje hecho de detalles, en el cual los anónimos dejaron por un momento de serlo. Algunos nombres de gente valiente y valiosa, como Pastora Mira, Lorenza Pérez, Inés Elvira Restrepo o la niña Lina María Ramírez, de quien dijo el Papa le había enseñado una interesante reflexión sobre la vulnerabilidad.

Emocionante ver en la distancia adultos estremecidos hasta las lágrimas, jóvenes atentos y concentrados en las palabras sabias de un hombre mayor, con la invitación para que siempre vuelen alto y no se conformen con vuelos rastreros. De igual forma los cientos de niños que fueron abrazados por el buen Francisco. Cuando sean mayores contarán a sus hijos y nietos la anécdota imborrable de cómo un Santo Padre con acento argentino tocó sus corazones y dejó ideas en sus cabezas.

Francisco en su viaje pastoral, habló de los males que nos corroen en este mundo, la corrupción, la contaminación ambiental, la explotación irracional de los recursos; defendió con ahínco a los más débiles y tradicionalmente discriminados como los pobres, las mujeres, los niños y ancianos. Pero también dejó un mensaje de esperanza y motivación, especialmente a los jóvenes, para emprender el camino de la reconciliación, la educación y el progreso.

Francisco dio el primer paso y Colombia como una sola persona salió a su encuentro, fue una semana mágica y a pesar del cansancio al Santo Padre se le notó alegre y comprometido en todos los eventos que le organizaron. Como era su deseo, los colombianos siempre lo llevaremos en nuestras oraciones y en el mejor de los recuerdos.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco. En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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