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Historia de un autógrafo de Roger Moore

"Mi abuelo le reclamó, «Mi nieto dice que usted firmó con el nombre equivocado. Él dice que su nombre es James Bond»"

Roger Moore, en su papel de embajador de Unicef.

Con la reciente muerte del actor británico Roger Moore (1927 – 2017), una parte de la infancia de muchos se fue con él. Fueron varias generaciones quienes lo vieron interpretando a personajes inolvidables como Ivanhoe, Simon Templar (El Santo) y James Bond. Pero en la vida real también fue un héroe, por su infatigable trabajo como Embajador de Buena Voluntad de UNICEF a favor de la niñez y defensor de causas como los derechos de los animales.

El periodista Marc Haynes (@marchaynes) ha publicado en Twitter una anécdota, que se ha vuelto viral en inglés y he traducido al español, en versión libre, la cual muestra la naturaleza de una estrella que nunca dejó de ser el buen hijo de una modesta familia londinense, un hombre con gran sentido del humor y de un corazón extraordinario.

"Cuando tenía siete años de edad en 1983, en los días anteriores a las salas de Primera Clase en los aeropuertos, yo estaba con mi abuelo en el aeropuerto de Niza y vi a Roger Moore sentado en la puerta de despegue, leyendo un papel. Le dije a mi abuelo que había visto a James Bond y le pregunté si podíamos tener su autógrafo. Mi abuelo no tenía idea quienes eran James Bond o Roger Moore, así que caminamos, y cuando estuvimos frente a él, le dijo: «¿Mi nieto dice que usted es famoso. Puede firmar esto?».

Autógrafo dedicado por Roger Moore a Patricia Mogollón y Dixon Moya.Tan encantador como podía esperarse, Roger preguntó mi nombre y escribió al respaldo de mi tiquete de avión, una nota llena de buenos deseos. Yo estaba extasiado, pero cuando regresamos a nuestros asientos, la miré detenidamente y aunque era difícil de descifrar definitivamente no decía “James Bond”. Mi abuelo la miró y ayudándome en la lectura dijo “Roger Moore” –yo no tenía absolutamente idea quien era y mi corazón se encogió-. Le dije a mi abuelo que la firma estaba equivocada, que él había puesto otro nombre, así que mi abuelo regresó donde Roger Moore, llevando el boleto que había acabado de firmar.

Mi abuelo le reclamó, «él dice que usted firmó con el nombre equivocado. Él dice que su nombre es James Bond». Roger Moore arrugó el ceño y me hizo señas para que me acercara. Cuando estaba a la altura de su rodilla, se inclinó, miró para todos lados, elevó una ceja y con voz suave me susurró: «Tengo que firmar mi nombre como Roger Moore porque de otra forma…Blofeld (el gran enemigo de James Bond) podría encontrarme». Me pidió que no le dijera a nadie que había visto a James Bond y que él me agradecía por mantener su secreto. Yo regresé a nuestros asientos, absolutamente dichoso. Mi abuelo me preguntó si él había firmado James Bond. «No -le dije-, yo estaba confundido. Ahora estoy trabajando con James Bond».

Muchos, muchos años después, yo estaba trabajando como guionista en una grabación que involucraba a UNICEF y Roger Moore estaba filmando en su rol de embajador. Él fue completamente amable y mientras el camarógrafo instalaba el equipo, le conté la historia cuando lo encontré en el Aeropuerto de Niza. Él estuvo feliz de escucharla y sonriendo me dijo: “Bueno, no lo recuerdo pero estoy encantado que te hayas encontrado con James Bond”, fue muy amable.

Pero luego él hizo algo brillante. Después de la filmación, caminó delante de mí por el pasillo, mientras buscaba su automóvil, hizo una pausa, se me acercó, miró a ambos lados, elevó una ceja y en voz baja me dijo: “Claro que recuerdo nuestro encuentro en Niza. Pero no dije nada allá, porque esos camarógrafos, cualquiera de ellos podría estar trabajando para Blofeld”.

Estuve tan maravillado a los 30 como estuve a los 7. Qué hombre. ¡Qué tremendo hombre!".

Es una fascinante historia, que conmueve a quienes hemos sido seguidores de Roger Moore. En mi caso, tuve el honor de saludarlo hace unos años, cuando viajamos con mi esposa Patricia a Londres y aprovechamos que él lanzaba un libro de memorias. Hicimos una larga fila y cuando fue nuestro turno, le comenté que éramos colombianos y él en perfecto español le dijo a Patricia: ¡Bienvenida!

Como lo refleja la anécdota del periodista Haynes, Roger Moore era un hombre encantador que siempre dejaba a todos con una sonrisa en los labios. Como el buen Santo que fue, seguro ahora está en los cielos, mirando irónico y divertido su aureola.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin. 

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