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Viaje de un neogranadino a Granada

"Al final, entiendo a Boabdil, aquel poeta que no pudo ser guerrero y que terminó entregando las llaves de la Alhambra a sus majestades los Reyes Católicos, sufriendo la reprobación de su madre"

Colombia fue conocida durante la época colonial como el Nuevo Reino de Granada, constituyéndose en el Virreinato de la Nueva Granada, cuya capital fue Santa Fe de Bogotá, abarcaba el actual territorio colombiano, Ecuador y una parte importante de Venezuela e iba por Centroamérica, integrando a Panamá, Costa Rica, hasta costas de Nicaragua. Un extenso territorio que Bolívar luego soñaría como la Gran Colombia.

Durante mi primer destino diplomático en Venezuela, hace más de veinte años, recuerdo que me llamó la atención que algunos hermanos venezolanos, especialmente en medios de comunicación, para referirse a los colombianos usaban todavía la denominación colonial, pues nos llamaban neogranadinos. Ahora que terminó un viaje relámpago a Granada, sea el momento de rescatar esa identificación para la presente nota.

Interior de un patio de la Alhambra. (Patricia Mogollón)

Zoco en Granada. (Patricia Mogollón)Imagino a Don Gonzalo Jiménez de Quesada al llegar a Bacatá, capital de la nación Chibcha, en donde sus pobladores vestían con tejidos y mantas, mientras comerciaban con sal, oro y esmeraldas, en aquella fértil sabana, rodeada de montañas, posiblemente vio en el horizonte el nevado del Tolima y todo aquel paisaje le trajo a la memoria su tierra natal (no hay seguridad sobre el sitio exacto del nacimiento de Jiménez de Quesada, pero los expertos lo ubican en Granada o en Córdoba).

Don Gonzalo era abogado, lo cual no era frecuente entre los conquistadores, pues la mayoría eran aventureros sin mucho estudio. Quizás ese detalle signó a los futuros bogotanos, entre quienes hay un número generoso de profesionales del derecho. De todas formas, Jiménez de Quesada se contagiaría del sueño de encontrar 'El Dorado', aquella fabulosa ciudad fabricada de oro, que existía en la imaginación de los españoles cuando llegaban a lo que hoy es Colombia, sin saber que el dorado, no era una ciudad, era el arte de la orfebrería que hoy puede admirarse en el magnífico museo del Oro en Bogotá.

Vista de Granada. (Patricia Mogollón)Pero volviendo a Granada, resulta tarea imposible resumir en un texto, menos en un artículo, toda la belleza que encierra esta tierra, como dijo un inmortal autor, uno tiene que visitar la Alhambra antes de morirse, debería ser un imperativo moral. Como sucede en ciertas religiones, sobre templos o lugares sagrados, el canon sería visitarla al menos una vez en la vida.

Al final, entiendo a Boabdil, aquel poeta que no pudo ser guerrero y que terminó entregando las llaves de la Alhambra a sus majestades, los Reyes Católicos, sufriendo la reprobación de su madre. Cuando uno se va de Granada, no puede sino suspirar, esperando el retorno algún día.

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Dixon Moya, diplomático colombiano de carrera y escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin 

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