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"La Roja" y poco más

"España es hoy un país demediado, casi un espejismo calviniano, y no se ven por ninguna parte instrumentos para superar semejante drama"

Crónicas europeas

José A. Gómez Marín

Menos mal lo del éxito de “la Roja”. La adrenalina se ha tornado en satisfacción y amplios sectores de la sociedad española, este país funámbulo que recorre el alambre sin red, parecen haber recuperado la euforia. Hay, sí, problemas que pocos ignoran: tenemos una clase política incapaz, vivimos un intenso brote de populismo insensato, los “populares” y los “sociatas” viven poco menos que de la sopa boba que proporcionan las siglas, tras los comicios inminentes no se entrevé más que la bruma, la unidad de la nación está en el alero, etcétera, pero, miren, “la Roja” va ganando y eso es ya un alivio. Si no fuera por los lamentos más o menos fariseos provocados por el puterío de algunos futbolistas --nuestros héroes nacionales-- y por la desazón que produce la suplencia de Casillas, casi podría esperarse que, siguiendo el modelo belga, vayamos a unas terceras elecciones y así sucesivamente, hasta desembocar en un Gobierno responsable pero frágil, o en una “dictadura democrática” (lo he oído alguna vez, palabra) que se presenta como “socialdemócrata” tras haber publicado su “leninismo amable”. Pero ¿y si ganamos la Eurocopa? Vean cómo Dios aprieta pero no ahoga y consideren la pasta flemática y maleable del criterio nacional. Ahora bien, si encima perdiéramos en París, entonces temo, como temía el jefe de Asterix, que el cielo se nos caiga encima. Pero ¿van a suceder las dos cosas, será posible que nos veamos sometidos a soviets vecinales –ya lo está Barcelona, y no lo está ella sola—o a un Gobierno funámbulo bajo la severa mirada de Europa?

En fin, no hay que ponerse en lo peor, entre otras razones porque lo peor puede que esté por llegar, aunque sea para que quede suspenso el ejército rencoroso que ha hecho trizas un bipartidismo podrido pero reparable, ante la evidencia de que lo peor no era Rajoy sino –permítanme la licencia—nosotros mismos. Hacer de la tele un Parlamento y del Parlamento una tele ha sido un disparate que a ver quién arregla ahora que una agitadora de barrio gobierna Barcelona y un mochililla Cádiz. España es hoy un país demediado, casi un espejismo calviniano, y no se ven por ninguna parte instrumentos para superar semejante drama. ¡“La Roja”, “la Roja”, ésa es nuestra última esperanza! Panem et circenses: al fin y al cabo no hemos cambiado tanto desde Sertorio y Perpena. En unos días saldremos de la angustiosa duda, no porque se recupere la cordura política, sino porque se decida la suerte de “la Roja”.

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Esta columna se ha publicado en la edición impresa de El Mundo Andalucía en la sección que José Antonio Gómez Marín tiene con el nombre de la Cruz del Sur.

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