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Los árabes en América Latina

Dos mundos que parecen tan distintos geográfica y culturalmente mantienen más lazos de unión de los que a simple vista se pueden dilucidar.

Dos mundos que parecen tan distintos geográfica y culturalmente mantienen más lazos de unión de los que a simple vista se pueden dilucidar. Separados por continentes y océanos, latinoamericanos y árabes, procedentes principalmente de Siria, Líbano y Palestina y que popularmente se les llamaba ‘turcos’ porque viajaban con documentación Otomana, han construido puentes entre ambos puntos del planeta. Una simbiosis que con el paso del tiempo ha dado como resultado fructíferas relaciones culturales y empresariales.

Esta presencia árabe en los países de la América Latina comenzó en los años veinte. Unas migraciones desde países de Oriente Próximo que fueron bien acogidas entre la población de los países receptores . Los movimientos de población cada vez eran más intensos debido al “efecto llamada” y la necesidad del mantenimiento de las compañías mercantiles puestas en marcha por sus antepasados.

Actualmente, tras varias décadas de descenso en los niveles migratorios árabes, ha habido un repunte en la llegada a Iberoamérica de emigrantes iraquíes y sirios cristianos, provocadas por la inestabilidad y conflictos bélicos en sus países de origen. Además, otro factor que ha propiciado este aumento del saldo migratorio es el afán de contacto de los empresarios con los países emergentes, fortaleciendo así sus relaciones.

Dentro de este grupo de países emergentes en América Latina destaca Brasil. De los veinte millones, que se calcula, de iberoamericanos de origen árabe, la mayoría reside en Brasil -siete millones-. Un hecho que ha favorecido que los principales socios comerciales de este estado, absorbiendo alrededor de un 11% de sus exportaciones, sean de nacionalidad árabe. Asimismo, son varios los holdings con orígenes en Oriente Próximo que ocupan importantes sectores -petróleo, banca o salud- del mercado del sur del continente americano.

Pero no sólo en Brasil se puede observar la influencia y presencia de empresarios de ascendencia árabe. Chile es otro claro ejemplo de estas relaciones que se plasman en diferentes organismos e instituciones como el Club Sirio Unido con sede en Santiago, la Federación de Entidades chileno-árabes (Fearab) o el Círculo Libanes de Chile entre otros muchos otros. En México , el gran magnate Carlos Slim -en la imagen superior- es el gran ejemplo de ello y la lista también es muy larga en Argentina y Colombia ,y así prácticamente en todos los países latinos.

Para la puesta en común de diferentes propuestas empresariales y culturales que unan las iniciativas árabes e iberoamericanas en un contexto seguro, ya hay varios puentes construidos entre ambas zonas del mapa al poner en contacto las ideas y propuestas de cada región. Pero existen otros indicadores además de esta reunión y que también marcan las relaciones establecidas, como la mejora en las conexiones entre países de Oriente Próximo y América Latina como los vuelos diarios entre Dubai y Sao Paulo o entre Doha y Buenos Aires.

Todo este movimiento de reciprocidad entre árabes y latinos es una muestra de la ruptura de barreras culturales y prejuicios, marcando un rasgo más de la tendencia a la globalización de un mundo cada vez más competitivo y a su vez inclusivo.

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