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La paz tiene que llegar

Vivimos en un mundo global.

Vivimos en un mundo global. Un escenario en el que el contacto entre culturas, religiones y modos de interpretar el mundo han alcanzado unas cotas de diversidad altísimas. A nuestro pesar, a través de los actos violentos que vivimos en nuestros días, muestra de intolerancia, odio y desconocimiento, caemos en el pesimismo de pensar que es imposible construir puentes de entendimiento entre esas visiones diferenciadas de la vida y la sociedad.

Es el momento de abandonar el estigma de la creencia en un mundo deshumanizado para avanzar hacia la construcción de relaciones de enriquecimiento cultural mutuo.

Si echamos la vista atrás, a lo largo de la historia se han vivido situaciones en las que el contacto entre culturas ha sido la llave que ha permitido el desarrollo de las sociedades. Un claro ejemplo de ello es la Al-Ándalus medieval. En ella, varias figuras –filósofos, poetas, eruditos- de culturas y visiones de la sociedad contrapuestas, convivían pacíficamente en el momento de máximo esplendor del reino andalusí. Hecho que le permitió brillar con luz propia.

Una de esas figuras fue el sabio musulmán conocido como Ibn Arabi. Muchos de sus trabajos –desarrollados entre los siglos XII y XIII- se centraron en los rasgos definitorios de la mística islámica y su papel como vehículo para alcanzar la paz y el amor al prójimo. De ahí que gran parte de sus trabajos se incluyan dentro del pensamiento sufí que defiende el abandono del enfrentamiento religioso en pro de la convivencia pacífica entre todas las sociedades. Así, el encuentro de culturas es un tesoro que hay que aprovechar y nunca dejar de lado. En sus escritos como teólogo plasmó que la religión jamás debe ser un impedimento para respetar a otro ser humano, ya que Dios es el mismo para todos.

Unos pensamientos revolucionarios tanto en su contexto histórico como en el actual donde en numerosas ocasiones se alegan “cuestiones religiosas” como justificación para ataques verbales y lo que es peor, físicos. Las sociedades han conseguido evolucionar hasta su estado actual gracias a las simbiosis de sus gentes, capaces de creer en sus principios respetando los de los demás.

A lo largo de la historia de nuestra filosofía occidental y oriental, se pueden encontrar numerosos ejemplos, que al igual que el sabio andalusí Ibn Arabi, promulgaban la potenciación de los rasgos culturales inherentes a cada sociedad así como el intercambio de experiencias y saberes con gentes de todos los continentes. Todas las culturas milenarias poseen narraciones que defienden esta filosofía.

A pesar del paso de los siglos, las diferentes culturas tienen una vía para su evolución, y esa es el intercambio de sus peculiaridades, al igual que lo fue en el tiempo pasado. Es un hecho invariable y que exige un esfuerzo por parte de los individuos pero que tiene una gran recompensa. No es otra que la convivencia y el enriquecimiento entre culturas.

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