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¿Me va a dar usted a mí consejos de cómo trabajar desde casa?

"Estoy convencida de que los que escriben artículos de 'autoayuda' sobre cómo trabajar desde casa no han abierto el portátil en sus hogares para hacer algo de trabajo jamás"

Del espejo al diván

Marta Cámara
Marta Cámara

Lo primero que dicen es que hay que ponerse un horario fijo como si estuviéramos en la oficina. Vamos a ver, “presunto autor”. Que si me pago la cuota de autónomos –una pasta- y me tengo que pelear mensualmente con cada “cliente” para cobrar –casi nunca antes de 90 días post fecha de emisión factura-, lo menos que puedo hacer es ir al gimnasio a las 11 de la mañana (cuando no hay nadie) o al Primark a las 10 (por la misma razón). Y si me sale un rato de terraceo espontáneo en alguna plaza con un libro entre las manos cuando veo que ha salido el sol después de 14 días de lluvia, pues bienvenido sea.

Que luego yo soy muy responsable y cumplo con los plazos de entrega. Sin ir más lejos, el otro día dejé tirado el carro a rebosar en el súper antes de llegar a la caja (y había hecho cola en la carnicería y todo) porque recibí una llamada de SOS de mi jefa 1 para hacer unas correcciones que mandaba la marca -que siempre espera hasta el último momento- de un publirreportaje que tenia que irse a imprenta en dos horas.

Mi jefa 2 va más a su bola, como yo. Me encanta. Las conversaciones que tenemos a las 11 de la noche para enfocar los artículos me apasionan y siempre estoy deseando que me llame. El “presunto autor” del artículo de autoayuda me diría que tengo que apagar el móvil a las 6 en punto y no contestar a llamadas de trabajo. ¡Pero el qué sabe! Ya le gustaría tener una charla de las nuestras con mi jefa 2. A veces también quedamos de vinos los domingos por la mañana y es genial.

Seguro que el que escribe eso tampoco tiene que abrir la puerta cada 12 minutos a mensajeros que vienen con los productos nuevos que me mandan las marcas para que los pruebe. Cada vez que voy a abrir el portero automático y espero que suban a casa, no puedo evitar entrar en la cocina y empantanarme con algo (mancha, taza sucia o similar), o mirarme en el espejo del baño y decidir que es hora de hacerme las cejas. Es que tardan mucho. A veces tardan tanto que hasta bajo por las escaleras al portal por si les ha pasado algo, pero suelen estar hablando por teléfono tan tranquilos. Ese es otro de los motivos por los que no puedo seguir otro de los consejos del “presunto autor”. Que si me arreglo, me maquillo y me visto cada mañana como si fuera a trabajar ya me hubiera roto un tobillo derrapando por el pasillo o por las escaleras con los tacones.

También dice “apaga las redes sociales”, como si fuera cuestión de darle a un botón. Y que dejemos el móvil en la otra punta de la habitación para que nos de pereza cogerlo si suena. ¿Para quién se cree que trabajo?, ¿para una comunidad Amish? No sabe que los jefes llaman y hasta te ponen intagrams privados cuando quieren algo.

Luego me cunde eh. Mucho. Que lo diga jefe 3, que cuando me pongo, hasta tengo que fingir que tardo más tiempo en hacer los reportajes porque igual me pagaba la mitad.

Lo de trabajar solo de 10 a 18 horas es una utopía. El “presunto autor” del artículo de autoayuda tampoco debe conocer a mi hija, que desde las 3:15 de la tarde hasta que se duerme interrumpe lo que sea cada 3 minutos para hacerte un baile, pedirte que le hagas el peinado de tal video o enseñarte un musicaly… Antes colaba lo de meter a los niños en la cama a las 8 de la tarde ¡benditas dos horas! Pero ahora ya saben leer el reloj (cabritos) y me suelo dormir antes que ellos y no hay manera de raspar tiempo.

Dicen también que no hay que parar. Ya, vale, pero si no tengo vacaciones pagadas y pringo todo el verano, qué iba a hacer yo sin esos parones tan placenteros cuando por ejemplo, paso por delante del televisor (lo dejo puesta de fondo con imagen pero sin sonido) y veo que el debate político viene calentito. Bueno, quién dice debate político dice también tele tienda o Sálvame.

Pero como luego compenso sin bajar a la calle a fumar –que tengo un cenicero al lado del portátil- igual recupero. Téngalo en cuenta el “presunto autor” por favor.

Además, en la oficina tienen unos súper asientos ergonómicos y yo tecleo sobre una silla de comedor ideal que cómoda precisamente no es, pero prefiero pagarme un fisio a cargarme la decoración del salón con uno de esos mamotretos. Y claro, de vez en cuando, pasar al sofá o echarse un rato en la cama no viene mal.

Otra cosa que me hace mucha gracia es lo de “búscate un espacio de trabajo adecuado”. Lo intenté, pero al final me hacía más avío que la niña tuviera una habitación para ella sola y me niego a mancillar el santuario de mi dormitorio con una mesa de trabajo (si tuviera sitio pondría un zapatero o un tocador de esos con banqueta y espejo).

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@macmartac. www.delespejoaldivan.blogspot.com

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