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Menos carril-bici y más carril-tacón

"Que cada centímetro de tacón adelgaza un kilo y sube la autoestima un grado no lo puede negar nadie que tenga un espejo en casa y se haya subido a unos buenos stilettos"

Valentino, zapatos de tacón

Del espejo al diván

Marta Cámara
Marta Cámara

En mi armario hay tacones "car to pub", tacones del día a día, tacones de ir en metro, y hasta de andar por casa. Ando mejor con ellos que sobre plano. Me vengo arriba. Yo no sufro. Y mis pies tampoco, que me sé todos los trucos para calzarlos como si fueran deportivas.

Que cada centímetro de tacón adelgaza un kilo y sube la autoestima un grado no lo puede negar nadie que tenga un espejo en casa y se haya subido a unos buenos stilettos. La pena es que en mi época de adolescencia insegura no existía la variedad de opciones que hay ahora. O calzabas un zapatito rancio de salón, o nada. Y yo, que era muy de bailar y de volver a casa andando a altas horas -siempre nos gastábamos la reserva de dinero para el taxi-, no era la candidata más propicia.

Ni siquiera existían aún las zapaterías drag de la calle Augusto Figueroa de Madrid. La primera altura de verdad la alcancé cuando se pusieron de moda las alpargatas de cuña big-size. Benditas ellas. Y ya el no va más fue con la llegada de la Princesa Letizia -y eso es lo primero que le debemos las españolas-. Gracias a su gentil figura, los zapatos de tacón con plataforma dejaron de ser de "dudoso gusto" y se convirtieron en un complemento socialmente aceptado y hasta aplaudido. 

Que conste, que cuando digo tacón me refiero a unas medidas longitudinales de entre 8 y 16 cm. Por encima de esa medida es zanco y por debajo es una birria. Creo que no hay nada más triste en esta vida que sufrir dolor de pies sobre unos taconcitos salón de 5 o 6 centímetros de altura.

En fin, que tanto me gustan, que hasta los fetichizo, y si no son demasiado cómodos los dejo de objeto decorativo. En la estantería del salón, tengo el par izquierdo de unas sandalias de Dior antiguas que decoran y dan una prestancia que da gusto. Para mí, son imprescindibles. Tengo esa estatura "tonta", en la que eres entre mediana y altita, y con ellos, rozo el metro setenta y cinco. 

Los de la foto fueron los únicos que se me resistieron. Los termine vendiendo. Los famosos Jimmy Choo de raso fucsia con el lazo en el tacón. Me los compré a precio de tacón de Calzados Marypaz. Porque tuve acceso a la Venta para Prensa de la firma, que si no... Y los terminé vendiendo. Al mismo precio, ojo, que no pienso nunca especular con las stiletto-fantasías de las mujeres. Intenté hacerme a ellos por todos los medios, pero me quedaban algo grandes y se me ocurrió estrenarlos en una boda en La Granja de Segovia. El cóctel, entre adoquines y césped se confabuló contra ellos y terminé descalza. 

Ya no me pasaría eso, porque ahora me los pruebo sobre las superficies más traumáticas. La moqueta de las zapaterías no vale. Hay que pedir permiso para salir de la tienda -aunque sea acompañada por el señor de seguridad- y caminar al menos 8 portales con ellos puestos por estas calles entre adoquinadas y destrozadas de Madrid e incluso hacer una pequeña carrerita con ellos por si hay que perseguir el autobús.

 Además, siempre llevo en el bolso mi "kit de supervivencia taconil"Las Miniplantillas de gel Party Feet.  Me han salvado en más de una ocasión. Cuando el "car to pub" se ha convertido en un paseo bajo la luna o similar. 

Cuando se trata de sandalias muy deslizantes, siempre coloco antes las Plantillas de Silicona de Salveped. Frenan y amortiguan los daños. En verano, se me escurrían las tiritas, hasta que me hice con unas wáter-resistant. A veces, se me olvida quitármelas y me voy a la cama con ellas puestas, me ducho al día siguiente y ahí siguen. Y si no, siempre están los apósitos en Spray como el de Hansaplast. De lo más discreto, cubre la herida o ampolla con un film transparente y puedes seguir caminando como si nada. Yo no sé si por los orientes medios las farmacias despachan estos productos, pero seguro que hay algo.

 PD. Para los que siempre preguntan. Nunca me he caído de unos tacones. Sólo cuando me relajo sabiendo que voy de plano o deportivas es cuando me he hecho algún esguince, torcedura, rotura de coxis, etc. Con tacón, los seis sentidos van en alerta. Eso sí, no estaría de más que por las calles pusieran menos carril-bici y más carril-tacón… Mullido, liso, sin adoquines ni baches… sí, como una alfombra roja.

 

 

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