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Trasnugar, una desgracia cualquiera

Cuando hago fiestas en casa solo invito a gente a la que puedo echar a la 1 de la madrugada sin contemplaciones

despertar

Del espejo al diván

Marta Cámara
Marta Cámara

O un poco más leve… no quiero exagerar. ¿Pero peligrosa? Un montón. Los amigos te acaban cogiendo tirria, puede que hasta dejen de llamarte, y te ves obligada a sufrir de jet-lag cada fin de semana –y algunos jueves de guardar- sin salir del barrio. Me explico. Los trasnugadores –si me lo permite la RAE- somos “aquellos seres humanos que nos acostemos a la hora que nos acostemos, abrimos el ojo a las 7 de la mañana”.

Puede ser un fallo genético, tendencia al insomnio o un despertador biológico adquirido después de convivir con hijos de los de “a las 6 de la mañana me despierto y te fastidias”… yo qué sé. Pero claro. Sales y te pasas la noche haciendo la resta. “Si me voy a casa a la 1, me duermo a las 2 y son cinco horitas… “ y así no hay quien se relaje o divierta. Sobre todo cuando miras con cara de asesina al que de repente decide que la noche es joven y que hay que tomar la penúltima en tal local y que no seas aguafiestas.

En cuanto hay confianza, empiezas a intentar convencerles de ir a cenar a las 7:30 de la tarde (¡viva el horario europeo!) y hasta de tomar algo después a las 9:30… aunque sea en un garito light, alegando que nos podríamos cruzar con nuestros hijos, y de paso ver qué hacen.

Cuando hago fiestas en casa solo invito a gente a la que puedo echar a la 1 de la madrugada sin contemplaciones. Les basta verme abrir la cama o volver con los hielos de la cocina ya con el pijama puesto para irse. De lo más observadores. Saben de mi problema y son de lo más empático. Además, justo en el portal hay un local al que siempre les puedo mandar a acabar la fiesta. Porque yo, si ya son más de las 4:40 a.m. cuando entro en casa, prefiero no acostarme y ponerme a trajinar por la casa.

¡Cuántos cajones ordenados gracias a esa última copa que alguien se ha empeñado en tomar!, ¡cuantos cristales relucientes a consecuencia de esa amiga entregada que no es capaz de marcharse de los sitios hasta que se encienden las luces!, ¡cuántas limpias de mail propiciadas por una cena de “odioso segundo turno”!...

Tengo una amiga que me entiende… una vez para intentar ganar tiempo y dormirse nada más llegar a casa, se sacó un somnífero del bolso –no me dejó ver la marca, pero debía ser muy fuerte- y se lo tomó después del segundo plato. Pero no se lo recomiendo a nadie. La tertulia se alargó y terminó con el pelo manchado de tarta de queso y las cervicales destrozadas.

Los conciertos que empiezan a las 8:30 y terminan a las 11 de la noche son los mejores. Si hay teloneros, no voy. Y lo mejor que me pueden proponer es un plan de merienda-cena.  ¿Mi boda? Fue por la mañana, y a las 8 de la tarde estábamos estrenando casa. Como para empezar un matrimonio con buen pie después de dormir solo 2 horas…

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