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Entre reyes y peones…

"El contenido perfecto para una tragicomedia, donde la balanza del destino coloca a algunos en una cuna de oro y a otros en cunas de carbón"

La verdad, no se ustedes; pero yo no recuerdo como era la sala del hospital en el que nací. No recuerdo los colores de las paredes, ni siquiera alcanzo a recordar cuál fue la primera cosa o persona que vi o qué comentarios habrán hecho quienes estaban presentes acerca de esta nueva persona, y nuevo miembro del club de las estadísticas mundiales… ¡qué niño tan llorón! ¡qué niño tan risueño!, no sé que dijeron; pero vaya que aunque no tengamos decisión sobre como llegamos, o bajo que estatus llegamos, en la vida nos planteamos diariamente la pregunta de cómo sería nuestra existencia si hubiésemos nacido con todas las riquezas que tienen algunos por cuna.

“La vida no es justa”, lo habré escuchado un millón de veces a mis treinta y cuatro. Fiándome de los “datos estadísticos” en base a la esperanza de vida; debo vivir por lo menos hasta los ochenta y tantos, al parecer tengo más futuro que pasado; creo que me tocará escuchar un millón de veces o un poco más a alguien quejarse por la vida que le correspondió vivir.

El contenido perfecto para una tragicomedia, donde la balanza del destino coloca a algunos en una cuna de oro y a otros en cunas de carbón.

Es obligatorio preguntarnos si nos sentimos conformes con lo que tenemos sea mucho o sea poco, si nos allanamos parcial o totalmente al veredicto de nuestro nacimiento o si apelamos aquella decisión y nos determinamos a hacer cosas distintas a las que según las estadísticas estaríamos si no revolucionamos nuestras vidas.

Un juego de ajedrez histórico, en el que desde siempre, el poder se va sucediendo de un heredero a otro, inclusive pasa con el poder de los países y de las regiones y la relación de sus nacionales en las distintas facetas de la vida, donde algunos, por solo mencionar un ejemplo, tienen un pasaporte que les abre más puertas que otros.

Un mundo de reyes y peones, donde todos buscan la felicidad y abundan las teorías para conseguirla, algunos idealistas hablan de desprendimiento, otros realistas de la constancia y otro grupo de supersticiosos de la suerte.

Lo que es cierto y me parece que antes hemos comentado, es que no tenemos un tiempo infinito para habitar el planeta, por lo tanto es imperante descubrirnos primero, para luego convertirnos en líderes de nuestras vidas y de nuestros destinos; que si naciste rey seas un rey benévolo y ayudes a los que menos tienen. Y si naciste peón puedas trabajar duro porque con educación y profesionalismo en el tablero de la vida puedas ser un alfil, una torre o la pieza que decidas, tratando de ser siempre un ejemplo a seguir para quienes nacieron igual que tú.

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Oreste del Río Sandoval es ministro consejero en temas Políticos y Económicos de la Embajada de Panamá en Emiratos Árabes Unidos.

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