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La figura del 'teaboy'

"Son las personas que en los países del Golfo nos cuidan en las empresas, que nos preparan las bebidas y que siempre saben los que nos apetece"

Susurros de Oriente

Geles Rivera
Geles Rivera

La figura del 'teaboy', un puesto que existe en todas las empresas del Golfo y que en Occidente no acabamos de comprender.

Es el chico que prepara los cafés en la oficina. Suele proceder de India, Nepal, Sri Lanka u otro país asiático. Por lo general, mantienen una conducta discreta y servil. Están siempre, pero sin que se les vea. Acceden a las salas de reuniones sin hacer ruido. A los de la casa no les preguntan porque saben de memoria lo que va a tomar cada uno. A los invitados sí les cuestionan. ¿Té o café? Y la pregunta no es de sí o no, si quieres té o te apetece café. La cuestión es qué prefieres, pues rechazar la oferta está mal visto. Además, si son árabes, te insistirán hasta que elijas.

Si la empresa es grande, trabajan varios 'teaboys' en ella. En las pequeñas, siempre hay uno. Cuando vendía mármoles, el equipo lo formábamos mi jefe, Katherine -la chica filipina que atendía en la tienda y con la que surgió una tierna amistad- y yo. Además, de nosotros tres, en la empresa trabajaba un chico que hacía las veces de 'teaboy'. El muchacho en cuestión, Abdullah, originario de Kerala y vecino del jefe cuando ambos vivían en India, resultó ser un holgazán. De hecho, Kathy y yo acabábamos preparándonos nuestro propio café. Finalmente, la empresa resultó ser tan cutre que hasta a veces nosotras mismas comprábamos el azúcar. Pero lo de este Abdullah supuso una excepción a lo que allí conocí. Todos los demás, tanto en las empresas donde trabajé, como en aquellas que visitaba, resultaron cordiales, atentos y muy hacendosos.

En mi primer despacho, una consultoría de arquitectura, el 'teaboy' acababa encargándose de múltiples tareas, incluso, de encuadernarnos los proyectos. Siempre atento a lo que necesitábamos. Llegaba una hora y media antes que los demás para limpiar la oficina. Sí, también se suelen encargar de esta tarea. Y, como ya he explicado, sirven de apoyo para cuanto se les encomienda cualquier tipo de tarea física.

El mundo del café y del té en aquella zona obedece a una larga tradición de hospitalidad árabe. Cuando tenía como jefes a los sudafricanos, podías elegir entre té verde, té rojo y café instantáneo. Sí... café soluble al que ellos le llamaban simplemente “café”. De aquella época, esta es la única queja relevante que recuerdo. Que el café sabía asqueroso. Con el cambio de altos y medios cargos, pasamos a estar dirigidos por un grupo de libaneses. No resultó una experiencia agradable por las nuevas políticas que instauraron. De hecho, esto fue uno de los motivos por los que me marché, pero este es otro cuento. Llegaron los libaneses y apareció una máquina de café turco en cada cocina. Sí que disfruté de la delicia que preparaba aquella cafetera.

Como he comentado, a las visitas se les ofrece algo para beber. Da lo mismo que llegue un cliente o un comercial. A los invitados hay que brindarles un buen recibimiento. Luego el anfitrión le pide al 'teoboy' lo que ellos quieren beber. Una situación incómoda en la que me encontré varias veces fue la de “no poder” preparar yo misma el café. En algunas ocasiones habría sido más práctico. Pero no, la arquitecta no prepara el té a nadie y esto forma parte de la jerarquía establecida.

Algo similar me ocurrió cuando nos mudamos de oficinas. Mientras nos acomodábamos y llegaban nuestros muebles y los ordenadores, comencé a barrer la zona donde estábamos abriendo cajas y reordenando expedientes. Mi compañero, que es indio y se ocupaba del departamento de compras, exclamó alarmado que qué hacía yo con una escoba. Así aprendí a evitar en público ciertas acciones. De haberme quedado más tiempo allí, este contexto me habría resultado contraproducente. O quizá ya lo hizo.

Y esta es la figura del 'teaboy', al menos, como yo la vi. Contado así, todo parece muy simpático, pero tiene una parte oscura. En primer lugar, los salarios tan irrisorios que reciben y en segundo, el desprecio con que muchos compañeros los tratan. Paradójico, pues son las personas que nos cuidan en las empresas, que nos preparan las bebidas y que siempre saben los que nos apetece.

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