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Lenguaje recalcitrante

"En el taller de Inteligencia Verbal comento la importancia de aprender nuevos idiomas para -entre otros beneficios- conocer mejor el nuestro propio"

Susurros de Oriente

Geles Rivera
Geles Rivera

En el taller de Inteligencia Verbal comento la importancia de aprender nuevos idiomas para -entre otros beneficios- conocer mejor el nuestro propio. Esta sugerencia, que parece traer tan solo consecuencias positivas, arrastra matices. 

Los últimos cinco años los viví prácticamente en inglés. No me recrearé en los efectos positivos de este aprendizaje porque son obvios pero también han existido daños colaterales.

Además de hablar inglés, incluíamos en nuestro vocabulario palabras en árabe y las utilizábamos salpicando con ellas nuestro idioma o el propio inglés. Las básicas eran `¡jalás!´, que significa `¡ya está!´, `¡se acabó!´ o `¡basta!'; `Inshallah´, que -literalmente- es `si Dios quiere´, pero que en realidad se usa como coletilla al finalizar cada frase, especialmente, cuando se acuerda una reunión o entrega de un trabajo. `¡Jali guali!´ se convirtió en una de nuestras expresiones favoritas. Ni siquiera pertenece al árabe académico, pero se utiliza en el argot del Golfo y expresa algo como `lo dejamos estar ´o `¡a tomar por saco!´ No es una locución elegante, pero cuesta trabajo no emplearla. `¡Alhamdullilah!´ equivale a un `¡lo que Dios quiera!´ `¡Yallah!´ significa vamos y se solía repetir y añadirle un "cariño" después; `¡Yallah, yallah, habibi!´ Y, para acabar este pequeño diccionario, la expresión más extendida de todas: `Salam a´lekum´.

Esta parte era la graciosa y formaba parte de vivir en un país árabe, aunque en realidad no entendiéramos nada (más allá de las citadas palabras) en ese idioma. Y volvemos el inglés que, de broma, tenía más bien poco. En primer lugar, no lo utilizábamos de manera correcta. Los anglófonos escaseaban y poca gente lo usaba bien. Pero sí se convertía este idioma en parte de ti y llegabas a habituarte y a pensar en inglés. Sobre todo, con el vocabulario técnico y las expresiones que utilizábamos con frecuencia en el trabajo. Cuando te comunicabas con otros españoles en el ámbito laboral, podían surgir conversaciones del tipo "¿Has hablado ya con el `supplier´?". "Sí, y quiere que le enviemos los planos del `slab´ y de la `joinery´. Luego nos enviarán ellos sus `quotations´". Sí... tan horrible como real, además de utilizar el `okey´ y multitud de anglicismos casi sin darnos cuenta. Así de contaminado se tornaba nuestro habla a diario.

Una característica del inglés es el uso indiscriminado de las palabras gracias y por favor. Los saludos resultan largos. Al buenos días se le añade un cómo estás pero ni siquiera esperas a que la otra persona conteste o que lo haga más allá de su propio saludo (también extendido). Y se utiliza como una fórmula idiomática, en realidad nadie se está preocupando por el estado del interlocutor. A mí al principio me resultaba recalcitrante pero tan inmersa yo me hallaba, que acabé calibrando aquellos usos e integrándolos en mi propio habla.

Recuerdo una tarde que pasé con mi amigo americano. Estábamos tomando cervezas y cuando él se levantó y se dirigió a la nevera, yo le dije algo así como "tráeme una". Comenzó a reírse y me miró, casi incrédulo. ¿Qué había hecho yo mal? ¿Acaso estaba tomando demasiado? Entonces caí... ¡no había usado el dichoso `please´! Cuando me di cuenta comencé a reír, ya algo ebria, y él también lo hizo. El asunto me costó una explicación sobre usos y maneras sobre mi idioma y mi cultura. Y no, en español no utilizamos tantas fórmulas de cortesía. No es necesario y si lo haces alguien puede llegar a pensar que tu actitud es irónica. Por supuesto, nadie te toma por un maleducado, especialmente, si se trata de un contexto familiar o amistoso. Él se alegro por descubrir algo nuevo.

Y esta reflexión sobre las fórmulas de cortesía en distintos idiomas, me evoca una anécdota familiar. Mi madre, que vivió toda su adolescencia en Francia, regresó a España con fórmulas idiomáticas integradas completamente en su lenguaje. Entonces conoció a mi padre y cuando este le presentó a sus amigos ella se dirigió a ellos de usted. La historia a uno le parece graciosa hasta que le sucede algo similar. Y así me encuentro yo ahora. Viviendo en España, hablando castellano y utilizando el por favor y el gracias en demasía. Alargando los saludos con preguntas sin esperar a que las respondan y sin saber cuándo puedo omitir tantos formalismos. Me da miedo resultar ruda y no me resulta fácil distinguir las situaciones. Creo que ahora soy yo quien resulta recalcitrante. A ver si vuelvo a integrarme. Aquí.

¿Y tú, has vivido alguna situación similar? ¿Trasvasas fórmulas de un idioma a otro? ¿Eres bilingüe y a veces cruzas expresiones? Puedes compartirlo aquí. 

No obstante, y a pesar de estos daños colaterales, yo insisto... ¡sigamos aprendiendo idiomas!

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