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Convicciones y diplomacia

Oreste del Río Sandoval, nuevo embajador de Panamá en Qatar, es un diplomático con principios, que es lo fundamental y lo que hoy quiero subrayar"

Zona libre

Rafael Unquiles
Rafael Unquiles

Justo a punto de finalizar el último periódico impreso de EL CORREO DEL GOLFO, que salió a la calle el pasado domingo, llegó a la redacción una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá que daba cuenta de que el Estado de Qatar había otorgado el plácet a Oreste del Río Sandoval como embajador. Lo que traducido a lenguaje simple y llano quiere decir que Oreste del Río, que llevaba varios meses al frente del cargo con carácter oficioso, a partir de ahora es el nuevo embajador de la República de Panamá en Doha con todas las de la ley. Y esa, querido lector, es una gran noticia. Para Panamá, para Qatar, para los panameños que viven en el país y también para los hispanos de la región del Golfo, porque siempre es bueno, muy bueno, que personas comprometidas y con firmes convicciones lleguen a puestos de responsabilidad. 

Es el caso de Oreste del Río, un joven abierto y educado. Humilde, por más que siga escalando posiciones. Pero ante todo, preparado. Conocedor de la realidad de su país, de América y también de Oriente Medio y de otros muchos puntos de este mil veces vapuleado planeta. 

Con más frecuencia de la deseada ocurre que quienes logran una responsabilidad es exclusivamente gracias a determinados contactos. Voy a dejarlo ahí. Por eso, el que ascienda alguien con ideales, sean lo que sean y siempre que estén sustentados en firmes principios democráticos, adquiere una relevante dimensión. Yo voy siendo perro viejo, más aún en un país como Emiratos Árabes que se encuentra en un elevado porcentaje en manos de jóvenes, y estoy cansado de ver cómo en ocasiones quienes suben no son los más aptos. 

Por ejemplo, en los partidos socialistas abundan los trepas que desconocen absolutamente todo del socialismo, y en los partidos liberales los afiliados en busca de un lugar en el que meter la cabeza y a los que ni siquiera les suena el nombre de Adam Smith. La historia creo que es bien conocida por todos y no es otra que la de aquel personaje que, sin oficio ni beneficio, llegó a ministro porque un día que no tenía nada que hacer se le ocurrió ir a la sede de un partido en su barrio -da igual uno que otro- y sacarse el carnet.

Oreste del Río es un diplomático con principios, que es lo fundamental y lo que quiero subrayar. Queda claro cuando se habla con él y cuando se leen sus escritos, siempre marcados por valores profundamente humanos, por la tolerancia, por el derecho, por la justicia, por la igualdad. Cree en lo que dice y en lo que piensa. Y eso, por desgracia, no es lo habitual. Tenerlo en Doha como representante de un país hispano hace que hoy confíe un poco más en la diplomacia.

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