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Costa Rica, pura vida...

Un país lleno de volcanes, selvas tropicales, ríos salvajes, bosques húmedos y más, mucho más, que te envuelven en sus brazos verdes dándote la mejor bienvenida

Lourdes López-Pacios Navío
| 20 de Octubre de 2020

Aunque San José, la capital, no es lo mejor del país, no le hace falta teniendo lo que tiene. Costa Rica está entre dos mares, el Caribe a un lado y el Pacífico al otro, y la variedad de ecosistemas inundan un país lleno de volcanes, selvas tropicales, ríos salvajes, bosques húmedos y más, mucho más, que te envuelven en sus brazos verdes dándote la mejor bienvenida.

Hay tantos parques naturales y tanto que ver, el 25% del país está dentro del Sistema Nacional de Áreas de Conservación, que es muy difícil elegir entre tanta maravilla, pero al final, como el tiempo es el que hay, elegimos primero TORTUGUERO, un Parque Nacional en el que el 99% del territorio se dedica a la protección y tan sólo el 1% a ser visitado. A orillas del mar Caribe y creado principalmente para preservar el área de la anidación de la tortuga verde, el parque sorprende ya antes de llegar. Llegamos al embarcadero de la Pavona, donde decenas de barcas esperan en las orillas embarradas y una vez en la nuestra nos adentramos en un río de aguas turbias a buena velocidad rodeados de una naturaleza apabullante y me viene a la mente el maravilloso libro 'El río de la desolación', de Javier Reverte, sobre el Amazonas e imagino que en algunos tramos debe de ser parecido.

"En Tortuguero recuerdo con especial cariño el despertar de la primera mañana con el sonido de los monos aulladores"

Recuerdo con especial cariño el hotel donde nos alojamos, ya que está perfectamente integrado en aquella naturaleza desbordante y sobre todo, el despertar de la primera mañana con el sonido de los monos aulladores -en la imagen superior-, y menos mal que estábamos advertidos, porque el ruido que hacen es sobrecogedor y maravilloso a la vez. Tortuguero está lleno de ríos, el más importante el río Tortuguero, y de canales y navegarlos es un espectáculo para los sentidos. Visitamos la comunidad de Barra de Tortuguero, una pequeña aldea donde el único medio de transporte permitido es la bicicleta, con sus calles polvorientas y aunque es inevitable encontrar tiendas de souvenirs, en la aldea se respira un cierto aire de aislamiento de la civilización que no sé si es real, o es sólo una idea romántica de viajera. La maravillosa experiencia de ver el desove de la tortuga verde, está híper controlada, como debe ser, y el lugar de observación se asigna por sorteo y en dos turnos. Llegamos a la playa de noche, caminando y a oscuras para proteger a los animales, y tuvimos la gran suerte de ver a varios ejemplares depositando los huevos, cubriéndolos de arena y regresando al mar con la sensación de misión cumplida para ellas y para nosotros. Emocionante.

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Nuestra segunda visita es el PARQUE NACIONAL VOLCÁN ARENAL, geológicamente el volcán más joven del país y que en julio de 1968 despertó de manera imprevista, causó muchas muertes y fue un enorme desastre para la zona y que ha tenido varias explosiones en los años siguientes, aunque hoy en día está monitorizado en todo momento y las rutas se encuentran a una distancia segura. La zona es otra maravilla de la naturaleza y las posibilidades de excursiones son infinitas y puedes elegir desde senderismo, bosques, escalada, cataratas o aguas termales entre otras.

"Si pienso en Monteverde, pienso en colibríes, las aves más pequeñas del mundo"

Por último nos decantamos por la reserva biológica del bosque nuboso de MONTEVERDE, y si te gustan las aventuras de altura, aquí hay uno de los canopy más largos del país, con 770 metros de cable desde donde se observar el bosque desde el cielo y la sensación es única. También hay unos puentes colgantes sobrecogedores que conectan con senderos que son pasillos que se abren camino entre el bosque verde y en los que mientras caminas no puedes perderte las explicaciones de los guías porque hay mucho, pero mucho que ver y más que aprender. Si puedes, haz un tour nocturno por el bosque, porque es como entrar a fisgonear sin permiso y descubrir una fauna tan sorprendente como bella. Ojo, si no te gustan los insectos, arácnidos y demás especies de la familia ten cuidado porque hay muchos y de tamaño considerable… y no olvides llevar ropa de abrigo porque en Monteverde, hace frío. Son muchos los recuerdos de un lugar tan maravilloso, pero si pienso en Monteverde, pienso en colibríes, las aves más pequeñas del mundo. Había muchos a cada cuál más bonito y son tan pequeñitos, pesan entre 2 y 20 gramos,  y delicados que verlos sorbiendo néctar suspendidos en el aire moviendo sus alas a una velocidad vertiginosa, fue emocionante.

La gastronomía es rica y si eres amante de la carne, este es tu sitio y si te gusta el café, hay de los mejores del mundo. Sin lugar a dudas, este país de gente entrañable y cariñosa, es una joya y merece la pena.

Hasta pronto.

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