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Madeira, la isla de las flores

Si eres amante de la naturaleza, del buceo, el senderismo, los paisajes exuberantes, el turismo activo, del conversar, de los mercados y de la buena cocina o el buen vino, Madeira es tu destino

Lourdes López−Pacios Navío
| 21 de Agosto de 2020

En 2017 fue elegida en los World Travel Awards el mejor destino insular del mundo y desde luego es una isla bellísima, pero Madeira no se ajusta a los deseos de quienes buscan interminables playas de arena fina y aguas claras de azul turquesa. Madeira es abrupta, rocosa, boscosa, verde, colorida y de enormes acantilados que caen en picado a sus aguas atlánticas de un color acerado. Su poderosa naturaleza domina el paisaje, pero lo dulcifica el colorido de las miles de flores que hay por todos lados y también lo potencian los madeirenses, pintando de colores las fachadas de casas y locales. Si eres amante de la naturaleza, del buceo, el senderismo, los paisajes exuberantes y el turismo activo, la buena cocina o el buen vino. Si te gusta conversar con la gente local, recorrer mercados, como el Mercado dos Lavradores, asomarte a los numerosos miradores a contemplar el mar, caminar al lado del agua bajando montañas de bosques de un verde rabioso y mucho, mucho más, Madeira es tu destino. 

La llegada a Funchal, capital del archipiélago de Madeira, compuesto por dos islas principales habitadas, Madeira y Porto Santo, y tres más desiertas es ya un espectáculo. Su aeropuerto, que tras la reforma de 2003, ya no es considerado uno de los más peligrosos del mundo, se compone de una pista construida sobre 180 columnas de hormigón que se hunden en el mar. Funchal es una ciudad alegre y acogedora que se apoya en una ladera y que desde el puerto asciende hasta los 800 metros de altura en las colinas que rodean la ciudad, pero que en las montañas del norte llega hasta los 1.800. Su orografía abrupta se desboca en algunos lugares, lo que provoca diferentes microclimas a elegir dependiendo de la zona adónde vayas. Es una ciudad de Plazas pequeñas y cautivadoras, como la Praça Amarela, llena de cafés, o la Praça do Municipio con su bonito Ayuntamiento, de iglesias, como la de Do Monte o de San Pedro, con los típicos azulejos portugueses en su interior. De capillas, como la de Corpo Santo o la de Santa Catarina, y como no con su Catedral o Sé, con un impresionante techo de madera autóctona finamente labrada. Es también una ciudad llena de curiosidades, como las  farolas adornadas con flores frescas, o muchas calles con adoquines llamados de Pata de Buey, que representan dibujos. Es una ciudad limpia y muy cuidada y no sólo los jardines que te encuentras constantemente, sino las fachadas de las casas, de los cafés y restaurantes y los edificios oficiales. Es un gusto. 

"Tampoco te puedes perder las Fortalezas que se construyeron para protegerse de ataques piratas, como la de San Juan Bautista o el Fuerte de Santiago y dejarse llevar por las callecitas de la zona vieja, llenas de cafés y tiendecitas con un gusto exquisito"

La hotelería parece que se reparte por zonas, así, cerca del Puerto están las grandes cadenas hoteleras, en el centro los hoteles con encanto, y en las afueras, en el campo, las Quintas o casas de campo palaciegas realmente bonitas. Me pareció que el tiempo se ralentizaba un poco en Madeira debido al ambiente tranquilo y relajado, pero en verdad hay mucho que hacer y ver. No te puedes perder la gran turistada, la bajada en los Carros de Cestos, sobre todo si vas con niños, pero también para mayores… y lo mejor para llegar es coger el teleférico Do Monte y disfrutar de una panorámica de la isla inmejorable. Sobre unos cestos de mimbre, se han acoplado unas palas y por detrás, encaramados al carro, dos carreiros lo impulsan y guían por medio de unas cuerdas atadas a la parte delantera, y con maestría a una gran velocidad bajan desde Do Monte girando en las calles ayudados de un calzado reforzado con gruesas suelas de goma. Merece la pena.

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Tampoco te puedes perder las Fortalezas que se construyeron para protegerse de ataques piratas, como la de San Juan Bautista o el Fuerte de Santiago y dejarse llevar por las callecitas de la zona vieja, llenas de cafés y tiendecitas con un gusto exquisito. Es relajante, como la calle Santa María que es una preciosidad. Y una isla famosa por sus vinos merece una visita a alguna de sus bodegas, como la Blandy’s, que además de ser bien bonita, con edificios de madera y suelos de piedra, te permitirá saborear un vino espectacular. La gastronomía de Madeira es rica y variada basada en la calidad del producto, como el pez espada negro, el atún con maíz frito crujiente, las lapas con mantequilla de ajo y perejil, la espetada de vaca en rama de laurel que le da un aroma fantástico, los guisos de pescado y de carne, las frutas tropicales y los dulces a base de miel que hacen las delicias de los más golosos. Gloria bendita. 

No quiero dejarme las levadas, que son unas canalizaciones de agua que pueden acompañarte en algunas de las rutas de senderismo, ya que hay más de 2.500 Km de levadas y senderos maravillosos por frondosos bosques de laurisilva. Y me dejo mucho, por lo que os invito a que vayáis y lo descubráis por vosotros mismos porque merece la pena esta joya del atlántico.

Hasta pronto.

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