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Aventura en Jebel Jais

"Tengo trece años y me dirijo, con mi familia y amigos homeschoolers, a las montañas Hajjar para descubrir el Wadi Al Nimr o Valle del Leopardo"

Montaña de Jebel Jais. (EL CORREO)

Jebel Jais, la montaña más alta de UAE, parecía abrirse en frente de nosotros. El paisaje era bonito, mostrándonos sus distintas capas geológicas.

– ¿Cuándo llegamos?, pregunta mi hermana pequeña, Irene.

–Ya queda poco, contesta mi madre.

Yo miro a través de la ventana del coche; un libro abierto en mi regazo.

Me llamo Elisa. Tengo trece años y me dirijo, con mi familia y amigos homeschoolers, a las montañas Hajjar para descubrir el Wadi Al Nimr o Valle del Leopardo. Hemos llegado y papá aparca el coche en el punto de encuentro.

–Mmm… ¡qué raro! Somos los primeros – digo, frunciendo el ceño.

– Tienes razón – dice Adriano. Adriano y yo sólo nos llevamos un año y medio así que es casi tan alto como yo. Salimos del coche y nos quedamos mirando embobados al paisaje casi lunar: rocas por todas partes y poco o nada de verde. Al darme la vuelta veo que Adriano se había subido a uno de los pneumáticos del coche y empezó a decir que se mareaba por la altura. Papá le grita: - ¡Baja de ahí, atolondrado!

Un vehículo negro aparca ahora al lado del nuestro. Al principio no lo reconocí pero luego me di cuenta de que Sabrina y Julian venían en los asientos traseros así que se trataba de Dagmar, Nat y sus dos hijos, que nos acompañarían a visitar el cañón. Pero no son los únicos. Otro ruído, otro coche y se presenta Philip con sus padres. Los mayores se saludan como corresponde pero los niños ya estamos encaramados en unas rocas cercanas incapaces de esperar a que llegue Arseny con su madre Elena. Son rusos. Ya estamos todos y oímos que nos llaman para empezar la caminata.

Todos, hasta los niños, vamos provistos de mochilas en las que van los bocatas de jamón de unos – de pavo, totalmente halal je je- y los bocatas de yerbajos de otros – porque en el mundo homeschooler hay mucho vegetariano- las botellas de agua, toallitas-por si te da un apretón- y lo que cada uno quiso llevar – por ejemplo yo llevo mi cámara de fotos. Así es como empezó nuestra aventura en la montaña. Bueno, no sin antes hacer una paradita en un baño público que sorprendentemente había en un pequeñísimo pueblo situado en la entrada del cañón, llamado Sal.

Empiezo a preguntarme por qué no he traído mi gorra, cuando claramente figuraba en la lista de imprescindibles que Dagmar había mandado por whattsup, con su típica previsión alemana. Y es que ya estamos en el wadi, que es lo más parecido a una riera mediterránea, que va seca siempre menos cuando llueve torrencialmente, que se convierte en un río. La diferencia es que este wadi es más como un cañón. Las rocas son fáciles y divertidas de escalar y los niños vamos avanzando como las cabras, subiéndonos a todas las más complicadas.

-¿Te imaginas vivir aquí?, pregunta Gabriela, o Gaby, como la llamamos todos. Ella y Daniel son medio cubanos y medio ingleses. Por eso lo pregunta en inglés. Yo le digo que sería difícil y mentalmente doy gracias porque mis padres hayan escogido vivir en Jumeira, junto a la playa.

Ayudo a Daniel, guiándole por donde las rocas son más fáciles de subir, aunque él insiste en subir por donde es más difícil. También ayudo a Irene , a quién mis padres han dejado abandonada, obsesionados como están con sacar fotos de todas las piedras. Un padre propone una foto de grupo de los niños y todos nos encaramamos a una roca alta, excepto los más pequeños, que no llegan a tiempo. Hace un calor infernal y ya mi mochila se ha vuelto mucho más ligera porque he bebido media botella de agua. Pienso con temor en que si se acaba me moriré de sed.

Álguien grita: ¡Una cueva! Y todos corremos a verla. Es en realidad un pequeño túnel lleno de cacas de cabra, redondas como lacasitos. Yo ni trato de entrar porque es demasiado estrecho pero los más pequeños ya se agolpan a la entrada y se atascan dentro, discutiendo entre ellos sobre quién iba primero y quién tenía que esperar. Me hace gracia como discuten y se enfadan: - ¡Oh, un túnel! Dice Gaby. -¡Auch!, Philip, ¡Me estás pisando!, protesta Adriano. -Perdón, pero no hay mucho espacio- contesta, a la defensiva. Un padre comprende que se requiere intervención inmediata y les manda salir.

La escalada se complica porque las rocas son ahora de mayor tamaño pero de ninguna manera quiere esto decir que nos vayamos a rendir sino que el espíritu aventurero también aumenta en el grupo. Los mayores van juntos, hablando de sus cosas -sobre todo de nosotros- y los niños van a su bola. Yo miro a unos y a otros y me doy cuenta de que pertenezco a una categoría intermedia: -¿Soy ya propiamente una adolescente?, me pregunto…

Con estos pensamientos en mi cabeza, me tropiezo con unos huesos de un animal muerto y grito muerta de asco. Más adelante, más huesos. ¡Qué misterio! Me entra pánico al recordar que el nombre del cañón es 'Leopardo', pero me tranquilizo al recordar que se llama así precisamente porque es el lugar donde fue cazado el último leopardo de la península arábiga. Me da pena el pobre leopardo, pero la verdad es que no me gustaría encontrarme con uno ahora mismo. O sea, que el animal cuyos huesos ya todos los niños miramos, ha muerto por causas distintas a un ataque de leopardo arábigo. Y al juzgar por los lacasitos que había por todas partes, es probable que se trate de una cabra -arábiga también, y mortal, como todas las cabras y los leopardos y las personas del mundo. Empiezo a pensar en la vida y la muerte y en que no me gustaría morir en este wadi al lado de esta cabra. Los adolescentes somos así; nos ensimismamos con estos pensamientos y los mayores se preocupan preguntándose qué diablos le pasa a mi hijo… mientras que a los niños nada de esto les intriga- aún.

Llaman para comer. Corro, porque tengo hambre. Todos corren porque las caminatas dan hambre y el calor sed. Son hechos científicos. Ya la mochila no pesa nada; espero que mi padre haya traído más agua…

Todos están ya acomodados en un pequeño campamento a la sombra de una pared vertical del cañón. Mientras devoro el bocata de tortilla francesa y queso que ha preparado mi padre muy temprano antes de salir de casa, miro a la pared rocosa, donde hay claramente una cueva grande con huecos que parecen ventanas. Crecen plantas alrededor y hay agua que gotea por todas partes. Mi madre se da cuenta de lo mismo y se dirige a la entrada de la cueva, por donde ya habían pasado Adriano y Sabrina. Cuando me doy cuenta ya sólo se le ve el trasero y como no me quiero perder la aventura le sigo. Gaby me ve ir, y acto seguido, ya está a mi lado. Es una súper cueva, con estalactitas y estalagmitas, pero pequeñas, no como las de Denia, en donde yo nací. En el techo de la cueva se ven pequeños nidos que parecen de avispa pero lo que más me preocupa es la oscuridad y la sustancia blanda y negra que van notando mis rodillas y mis manos al avanzar a gatas, pues es una cueva tan estrecha que hay que ir así. Mi madre ilumina el espacio con la linterna de su móvil y comenta que aquello está lleno de caca de murciélago. Quiero vomitar. Se lo digo a Gaby y ella también quiere vomitar. Pero no hay vuelta atrás, sólo queda llegar al final. Mi madre se queda atascada y se le cae el móvil en la caca de murciélago. No creo que vuelva a funcionar. Todos estamos asqueados y ahora atascados gracias a mi madre, que bloquea la salida. Y sin luz. Y ya es el colmo cuando me percato de que justo a mi lado hay una calavera de algún bicho- o persona, no se puede decir en la oscuridad. Todos gritamos de terror y mi madre consigue desatascarse, yo creo que por puro miedo a correr la misma suerte del muerto. En un último empujón, y resbalando sobre la blanda y resbaladiza sustancia negra que hemos quedado en que era caca de murciélago, mi madre se precipita a toda velocidad al exterior por una rampa que aparece de repente y aterriza en lo que más tarde vimos que era una bañera llena de agua, a modo de bebedero para las cabras (¡Igual que en la Galicia de mi infancia, donde todo lo aprovechan! je je). Nada puede ser peor. Estoy sudando con un sudor frío que me cae por la frente y de pronto siento que caigo a plomo y que voy a morir ahogada también en la bañera…

-¡ELISAAAAAAAAAAAAA! Oigo que gritan con desesperación….

-¡Despierta, dormilona! Que son las once de la mañana. Arregla tu cuarto, haz la cama y vístete rápido, que vamos a las montañas con Dagmar y compañía.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

-FIN-

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