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Los cuadernos colombianos

"Con la revolución de las portadas de los cuadernos en los años noventa, los jóvenes pasamos de ver unos caballeros vestidos con armaduras a unas bellas chicas en bikini"

Por estos días he regresado a mi condición predilecta de estudiante, pues me encuentro en un curso intensivo, previo a la realización de unos exámenes académicos que hacen parte de los requisitos para ascender dentro de la carrera diplomática a la que pertenezco. Aunque reconozco que combinar trabajo con estudio, es un reto para un adulto mayor, como mi caso, el cansancio físico y mental se acumula, las neuronas parecen ser más escasas y la memoria menos confiable.

Sin embargo, a pesar de las limitaciones, de las responsabilidades laborales, de compromisos sagrados como sacar esta columna semanal, no hay mejor experiencia que la de ser estudiante, como ya lo había mencionado en un artículo previo. Es fascinante, poder aprender cosas nuevas cada día y seguir manteniendo viva la curiosidad por temas diferentes. Quizás por encontrarme nuevamente en esta condición estudiantil, he pensado en los compañeros permanentes de cualquier alumno, sus cuadernos.

Aunque vivimos una época de dispositivos electrónicos y escenarios virtuales (de hecho las clases que tomo en esta oportunidad, son a distancia, con profesores en Bogotá y estudiantes en diversas partes del mundo, conectados e interactuando), algo que no ha cambiado es el fiel cuaderno, con el esfero o el lápiz, para tomar los apuntes, esbozar las preguntas, redactar los borradores de lo que será un policy paper, un ensayo o lo que la Academia Diplomática nos exija, pero el cuaderno siempre está ahí.

Hubo un tiempo en que las portadas de los cuadernos estuvieron protagonizadas por espectaculares señoras en bikini.En Colombia, especialmente en el Departamento del Valle del Cauca (cuya capital es Cali), se desarrolló una industria papelera y editorial destacada. Surgieron varias compañías, siendo quizás la más sobresaliente Carvajal, con un lema entrañable: “Carvajal, hace las cosas bien”. De hecho, antes de ingresar por concurso de méritos al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y recién salido de la universidad tuve la grata oportunidad de trabajar durante un año en Editorial Norma, filial de Carvajal, que por aquellos años tenía la filosofía de tratar a los empleados como miembros de una gran familia. Uno de los pilares de la compañía era preocuparse por la calidad de vida de sus trabajadores, lo que al final, retornaba en fidelidad, compromiso y mejor rendimiento. La sede principal de la empresa estaba en Cali y uno aunque estaba en Bogotá, la capital del país, soñaba con visitar Cali, la Meca de los trabajadores de Carvajal.

Pero todo esto, para decir, que los cuadernos de papel producidos en Colombia, fueron los amigos fieles y recuerdo con cariño una serie llamada 'Ferrocarril', que tenían en su portada imágenes de caballeros cruzados, mientras en la contraportada iban las tablas de multiplicar. Luego llegarían los años noventa, con la revolución de las portadas de los cuadernos, los jóvenes pasamos de ver unos caballeros vestidos con armaduras a unas bellas chicas en bikini. Modelos y reinas de belleza empezaron a colonizar las portadas de los cuadernos, especialmente chicas paisas (oriundas de Medellín y sus alrededores), rubias curvilíneas que atentaban contra la rigidez de los renglones sobre los cuales, las temblorosas manos intentaban escribir.

Sigue siendo un misterio, para quien esto escribe, cómo fue posible que una sociedad tan conservadora en ciertos temas como la colombiana, permitiera que nuestras versiones criollas de los ángeles de Victoria Secret, se colaran en los cuadernos infantiles y juveniles. Dos nombres inolvidables, Natalia París y Ana Sofía Henao, que le hicieron perder la concentración a más de uno, mientras el pobre estudiante intentaba preparar algún examen, como lo hago yo en este momento (estudiar, no perder la concentración).

Eso sí, aclaro que mis cuadernos actuales son muy serios, con portadas monocromáticas, sin motivo para ningún tipo de desliz mental. Son como el clásico Jean Book, de Norma, aquella compañía que llevo en el corazón.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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