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Elogio del Triciclo

"Considero al triciclo como el vehículo perfecto, uno no tiene que tener equilibro en la vida, ni tiene que preocuparse por el freno, pues se va tan despacio como sea posible, disfrutando el camino y el paisaje"

El primer transporte que tuve alguna vez en la vida, fue un triciclo movido por mi propio esfuerzo, seguramente como la mayoría de niños de mi generación, pues ahora son eléctricos o a gasolina, eso sin hablar de los patines y patinetas que compiten en las calles y aceras, con los demás medios de transporte y los pobres transeúntes ya no sabemos si vamos caminando o intentando no ser atropellados por algún tipo de locomoción autónomo.

El triciclo marcó mi vida con los medios de transporte sobre ruedas, fue el que me hizo más feliz aunque también me dio el primer gran susto, pues todavía recuerdo cuando pedaleando por el andén frente a mi casa, vi un perro que se me antojaba gigantesco y al verme comenzó a correr en mi dirección, con intenciones nada buenas. Aquel pequeño de seis años de edad, no lo dudó, dejó tirado el triciclo y salió corriendo a su casa. El triciclo fue rescatado por Carmen Rosa, mi madre-abuela que como siempre salía en mi defensa, contra cualquier peligro.

Ahora bien, mucho más difícil fue la transición a la bicicleta. En algún momento, dejé olvidado en un rincón el bonito triciclo para intentar montarme en una bicicleta. El problema es que lo intenté primero con una cicla profesional de un querido vecino, quien era boyacense (oriundo del Departamento de Boyacá, muy cerca de Bogotá), los aficionados al ciclismo, saben bien que los boyacenses nacen con el gen de ese deporte, que ejercitan en los bellos parajes de aquellas comarcas. Por lo cual, para mi amigo William subirse y maniobrar en aquella bicicleta era normal, en mi caso el aprendizaje fue un rosario de caídas, hasta que por fin probé una bicicleta de bicicrós o BMX, que posiblemente se me antojaba parecida al viejo triciclo y puede aprender a montar bicicleta, emoción difícilmente comparable a otro logro en la vida, como todos lo sabemos.

El problema fue cuando creí tener dominio de la bicicleta, pues también tuve mi periodo imprudente en la juventud, lo cual puede resultar difícil de creer para mis amigos, quienes me tienen como hombre tranquilo y sensato, sobre todo con los medios de transporte, una prueba de ello es mi resistencia a manejar automóvil, pues me preocupa en extremo la responsabilidad con respecto a pasajeros y transeúntes. Quizás en memoria de dos fuertes accidentes que tuve con mi bicicleta, cicatrices en mis rodillas y codos, me lo recuerdan bien.

Por todo lo anterior, es que considero al triciclo como el vehículo perfecto, uno no tiene que tener equilibro en la vida, ni tiene que preocuparse por el freno, pues se va tan despacio como sea posible, disfrutando el camino y el paisaje. Todo lo contrario, a lo que nos han enseñado sobre la velocidad, la emoción y el riesgo, que suele llevarnos por la ruta de las lágrimas. El triciclo, el vehículo de la infancia feliz, de la vida tranquila, de la sonrisa pacífica.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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