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Los libros animados

"Si hubo un artefacto que me deslumbró siendo niño fueron los libros animados publicados por la inolvidable editorial colombiana Norma, filial de la empresa Carvajal"

He intentado ser buen lector, en ocasiones con mayor éxito que en otras, me explico. Durante los últimos 25 años, desde mi vinculación como funcionario de carrera al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, he leído mucho, pero no los libros que me gustaría descifrar y que me están esperando en alguna biblioteca olvidada, he tenido que leer leyes, decretos, resoluciones, incisos, reportes, ayudas memoria, 'policy papers', tablas Excel y memorandos, así como textos de relaciones internacionales.

Pero hubo una época feliz y tranquila, la de mi niñez y juventud en la que leí mucha literatura, desde aquel primero que fue 'Ben-Hur' de Lewis Wallace, gracias a que mi querida tía Ana era voraz lectora, mi madre-abuela Carmen, también lo era, pero en aquella época había tenido una conversión religiosa y sus lecturas pasaban por ese cambio. Carmen, quizás por su espíritu rebelde, había pasado de ser católica a testigo de Jehová, ella siempre había desconfiado de los curas, aunque vivía agradecida con un sacerdote que les había advertido a ella y a mi padre-abuelo Laurencio que debían escapar del pueblo en donde vivían, recién casados como estaban, pues la mayoría conservadora no aguantaba tener a dos liberales confesos. Épocas de violencia política, que dan para otro tipo de historias.

Llegarían 'Robinson Crusoe', 'Miguel Strogoff', 'La Isla del Tesoro' y todo tipo de novelas, libros de cuentos, poesía, la ciencia-ficción, pero posiblemente hubo un tipo de libros que encandilaron mi precocidad lectora, que al lado de los cómics, a los cuales no les llamábamos así, ni siquiera historietas, sino simplemente “cuentos”, resultaron los preferidos. Si hubo un artefacto que me deslumbró siendo niño, ese fue el libro animado.

"Colombia era líder mundial en producción de libros animados, elaborados a mano, en su mayoría por mujeres, madres cabeza de hogar, quienes eran apoyadas por Carvajal"

Debo decirlo en plural, los libros animados, publicados por la inolvidable editorial colombiana Norma, filial de la empresa Carvajal. Cuando me desplegaba, por las páginas vivas de 'El mago de Oz', no podía sospechar que en esa época, Colombia era líder mundial en producción de libros animados, elaborados a mano, en su mayoría por mujeres, madres cabeza de hogar, quienes eran apoyadas por Carvajal. Tampoco podía imaginar que 20 años después, yo trabajaría en esa empresa, haciendo múltiples oficios.

Portada de un libro animado dedicado a los caballos.

Carvajal es más que una empresa, es una historia de éxito, pero también de cariño y ética profesional. Una empresa familiar que se convirtió en la primera multinacional privada del país, la cual llegó a tener oficinas y fábricas en diversos sitios del mundo. Gracias a la visión y empeño de los integrantes de la familia Carvajal, oriundos de Cali, una clase particular de empresarios, porque al tiempo eran intelectuales y filántropos, pioneros de la responsabilidad social empresarial en Colombia. Carvajal ha sido una entidad tan especial que merece ser destacada en una columna futura.

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Los libros animados en el mercado internacional se denominan 'pop-ups' ('pop up' es una expresión en inglés para advertir algo que surge de repente) y en los años ochenta, dos países eran los grandes productores de este tipo de libros, Colombia y Singapur, Colombia era el líder con un 60% de la producción mundial, esto gracias a Carvajal, que incluso creó una nueva filial, Mancol, publicando en 18 idiomas y produciendo más de 6 millones de libros por año.

"Mi sueño era llegar a ser editor en Norma; cuando apareció la Carrera Diplomática en mi vida, no fue fácil abandonar una empresa que resultaba tan entrañable"

Sea como fuere, luego de terminar la universidad, trabajé en varias dependencias de Editorial Norma, fui desde cobrador de cuentas vencidas de enciclopedias, hasta asesor pedagógico, un título elegante para un promotor de ventas en los colegios de bachillerato. Alcancé a experimentar el ambiente familiar de Carvajal, en donde el bienestar del empleado era uno de los pilares de la empresa. Mi sueño era llegar a ser editor en Norma; cuando apareció la Carrera Diplomática en mi vida, no fue fácil abandonar una empresa que resultaba tan entrañable. En 1994, cuando trabajé en Norma, todavía publicaba literatura. Lamentablemente años más tarde, la editorial canceló sus colecciones literarias, como la legendaria 'Cara y Cruz', y se concentró en otro tipo de publicaciones.

En cualquier caso, siempre queda el recuerdo de aquellos libros mágicos, cuando se abría una página y aparecía un castillo, elaborado cuidadosamente por las manos de alguna colombiana, que de manera artesanal realizaba esa maravilla que me enganchó a la lectura. Libros animados, por aquello del ánima que transmite vida.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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Muy entrañable escrito. Lo sentí como mío y me transporté a una vivencia parecida. Muchas gracias por traer a mi memoria recuerdos tan afines a lo que expones.

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