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Literatura diplomática, un nuevo caso

Dixon Acosta Medellín da a conocer con "emoción" la publicación de su libro 'Relatos Diplomáticos', una obra que ve la luz con irrenunciable "intención solidaria"

Hace poco tuve ocasión de referirme a una novela publicada por el escritor y diplomático de carrera español Federico Palomera Güez, la cual sin embargo, no se refiere al mundo de la diplomacia, aparte de un delicioso capítulo dedicado a un cóctel en una embajada extranjera. Ahora me llega otro libro, en esta ocasión una colección de relatos cortos, que debo decir, me emociona muchísimo, pues el autor es quien escribe estas líneas.

La diplomacia y la literatura son mundos que coinciden, que además se alimentan mutuamente. En el prólogo del citado libro, menciono los casos de algunos célebres escritores que han ocupado cargos diplomáticos, como reconocimiento y estímulo a sus carreras literarias, caso emblemático el del poeta nicaragüense Rubén Darío, quien mucho antes de ser embajador de su país en España, fue cónsul de Colombia en Buenos Aires, nombramiento que aparte de exótico, le permitió al llamado príncipe de las letras, publicar su reconocida obra 'Prosas Profanas y otras Poesías', que lo consagró como pionero del modernismo.

Sin embargo, me ha interesado mucho más destacar la condición opuesta, es decir, la de los casos de diplomáticos de carrera que paralelamente se han dedicado a la literatura y la historia nos deja varios premios Nobel. En la historia se encuentra un grupo de funcionarios públicos que paralelamente han desarrollado la literatura. En este caso, se trata de funcionarios públicos, algunos de los cuales han logrado la excelencia en el campo de las letras, como Giovanni Boccaccio, Geoffrey Chaucer, Nicolás Maquiavelo, Saint-John Perse, Ivo Andrić, Jorge Edwards o el poeta y compositor Vinicius de Moraes.

El título de este modesto libro es 'Relatos Diplomáticos (Apuntes imaginarios desde San Carlos)', firmado por Dixon Acosta Medellín, mi nombre literario, dado que mi nombre de pila es Dixon Moya y es como me han conocido en el mundo real.

Es muy difícil, reseñar un libro que uno ha escrito, pero intentando ser objetivo, encuentro un texto muy ecléctico, estos cuentos pueden ser dramáticos pero cómicos también, van desde la narración clásica a la ciencia-ficción, la anécdota e incluso algún thriller para adultos. Se agrupan en tres secciones, llamadas 'Cartas Credenciales', tomando ese documento de acreditación de los embajadores en los países en los que han sido designados.

Para ubicar al ocasional lector, San Carlos es la denominación del Ministerio de Relaciones Exteriores, que viene del nombre original del Palacio o la Casa en donde tiene su sede y que fue además la primera sede de la presidencia de Colombia, cuando fue la primera República de Colombia, conocida por la posteridad como la Gran Colombia (aquel país inventado por Simón Bolívar que integraba a Ecuador, Venezuela y el actual territorio colombiano que integraba a Panamá y buena parte de la costa mosquitia de Costa Rica y Nicaragua, así como territorios amazónicos, hoy en poder de Brasil y Perú). De haber subsistido, hoy día sería por tamaño, población y recursos, la indiscutible potencia latinoamericana, pero eso da para otro relato de fantasía, una ucronía para ser exactos.

La casa de San Carlos (en sentido pleno, pues algunos lo consideramos nuestro segundo hogar), al parecer, deriva su nombre del arzobispo de Milán, Carlos de Borromeo, santo y héroe de la iglesia católica, en la contra-reforma, quien lideró una serie de cambios como respuesta al surgimiento del protestantismo.

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A los ocasionales lectores y queridos amigos, me es muy satisfactorio anunciar la publicación de este libro, el cual tiene una intención solidaria.

No pretendo cobrar derechos de autor, pues lo que me corresponda de regalías deseo donarlo a una obra que se proyecta, la construcción de una casa cultural y deportiva en Quibdó, capital del departamento colombiano del Chocó, vasto, rico y abandonado territorio, en donde hay carencias, como por ejemplo, una sala de cine, lo cual resulta increíble para una ciudad capital.

Así las cosas, quienes deseen comprar el libro por Amazon, si no pasan un rato entretenido, que es la intención del autor, tendrán la oportunidad de colaborar con un proyecto solidario y cultural. Agradeciendo su atención, interés y solidaridad, dejo este enlace.

Gracias por adelantado. Que la lectura resulte una buena compañía. Al ser un libro tan heterogéneo, existe la esperanza que al menos uno de los relatos sea grato para el amable lector. Desde ya felices fiestas y un venturoso 2020.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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