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Ray Bradbury, 100 años de un querido hombre ilustrado

"Impensable que se le nominara al premio Nobel de Literatura, pero los lectores que lo hemos seguido cual apóstoles, pensamos que lo inaudito era que no se lo concedieran"

El 22 de agosto de 1920 nacía en Waukegan, Illinois, Estados Unidos, uno de los escritores fundamentales del siglo XX, quien trasciende la etiqueta de autor favorito, pues por Ray Bradbury he sentido el amor filial, del discípulo al maestro. Lo descubrí sin buscarlo, en una revista para adultos, con la que esperaba compensar mi nula educación sexual en la pre-adolescencia, un grato encuentro gracias a un cuento romántico que parecía estar en el lugar equivocado. Con el correr de los años las obras de Bradbury han ido alimentando mi bibliografía sentimental.

Bradbury tuvo la fortuna de brillar con varias obras magníficas en los géneros de ciencia-ficción y fantasía, como 'Fahrenheit 451', 'El Hombre Ilustrado', 'Las doradas manzanas del Sol'. Bradbury tuvo la mala fortuna de brillar en esos géneros, lo cual le costó ser aceptado por los críticos literarios de su época, que fueron incapaces de considerar sus novelas o sus libros de cuentos, como literatura de alto nivel. Impensable que se le nominara al premio Nobel de Literatura, pero los lectores que lo hemos seguido cual apóstoles, pensamos que lo inaudito era que no se lo concedieran, como al prologuista argentino de esa maravillosa edición de sus 'Crónicas Marcianas'. Borges y Bradbury, dos genios unidos en un libro y en la indiferencia de los eruditos.

Los expertos en la literatura de especulación científica saben que él no era un escritor ortodoxo del género, era representante de lo que se conoce como ciencia ficción suave, no dura (la que se basa en estrictas bases científicas o tecnológicas), nunca lo pretendió, no le interesaba la tecnología si quiera, nunca pudo pasar de escribir en máquinas de escribir, le asustaba la idea de la comunicación a través de las pantallas. Era esencialmente un humanista que explicaba su presente, así como sus miedos y esperanzas, en escenarios futuros, como entiendo debe ser la ciencia-ficción.

Ray Bradbury.

Ray Douglas (por el actor Douglas Fairbanks) Bradbury, un joven que ante las penurias económicas de su familia, luego de culminar el colegio, decidió trabajar, vendiendo periódicos en las calles. Sin cursar una carrera universitaria, terminó su formación de manera autodidacta, en las bibliotecas. De manera orgullosa Bradbury decía que había asistido durante diez años, tres días a la semana a la biblioteca, algo que recomendaba especialmente a los jóvenes que no tenían dinero para universidades, pero sí el deseo sincero de aprender.

Por ello, me llenó de emoción, conocer recientemente y en plena pandemia del Covid-19, la población de Waukegan a una hora de Chicago, en donde la biblioteca pública está presidida por un monumento de su hijo ilustre. Una escultura metálica, en la cual Bradbury cabalga como 'cowboy' un cohete lanzado al espacio, llevando un libro abierto. Aunque no deja de ser algo contradictoria aquella puesta en escena, porque si bien es cierto que Bradbury nos ha transportado a diversos mundos, él tenía pavor a volar e incluso a manejar, nunca tuvo licencia para conducir automóvil.

"Todos tenemos frustraciones de cariño, esas deudas del alma que ya no pueden pagarse, en mi caso uno de esos naufragios insalvables, no haber viajado a Los Ángeles e intentado llegar a la casa de Ray Bradbury, solo para saludarlo y en mi precario inglés agradecerle por ser mi padre literario"

Bradbury fue un polígrafo que no paraba de escribir en su máquina de escribir. A los 18 años publicó su primer relato en el fanzine 'Imagination!', así comenzaría una carrera que se prolongó toda su vida. Su bibliografía suma 27 novelas y más de 600 cuentos. Escribió poesía, aunque sus lectores sabemos que su prosa, rebosaba de metáforas, imágenes poéticas y un tono melancólico, que combinaba con dosis de buen humor.

El cine fue la otra gran pasión de Bradbury, aparte de la literatura, su juventud en Los Ángeles, su visión cercana de los astros de Hollywood, de sus grandezas, contradicciones y miserias, de lo profundo y superficial que resulta al mismo tiempo. La primera película que vio a los 5 años de edad fue el 'Fantasma de la Ópera' con Lon Chaney, que le impactó muchísimo. En el colegio conoció a su tocayo Ray Harryhausen, pionero de los efectos especiales en películas míticas, quien sería su padrino de matrimonio con Maggie, el amor de su vida. Una amistad transoceánica que cultivó fue la de Federico Fellini.

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Amante del cine, no de la televisión, aunque paradójicamente tuvo una serie con su nombre, 'El teatro de Ray Bradbury' (1985 – 1986), una antología televisiva de sus relatos cortos y uno de sus mejores amigos fue Gene Roddenberry, creador de 'Star Trek'. En español, algunas adaptaciones de sus obras aparecieron en 'Historias para no dormir' del mítico director Narciso Ibáñez Serrador.

Más de 100 versiones cinematográficas y televisivas de sus obras, dentro de las cuales se destacan 'It Came from Outer Space' (1953) dirigida por Jack Arnold, 'Fahrenheit 451' (1966) de François Truffaut, 'El Hombre Ilustrado' (1969) con Rod Steiger. También fue guionista de la película 'Moby Dick' (1956) dirigida por John Huston, así como del drama 'The Picasso Summer' (1969) con Albert Finney, en el cual aparece Luis Miguel Dominguín. Bradbury hizo otros trabajos discretos, como narrador en 'King of Kings' (1961), el drama sobre Jesucristo e incluso como extra en la película 'Rich and Famous' (1981).

El autor de este texto, Dixon Moya, ante el monumento a Ray Bradbury en la biblioteca pública de Waukegan. (Patricia Mogollón)

Cuando imagino a Bradbury, pienso en ese niño de Illinois, que debía aprovechar cada centímetro de sol del verano, para compensar los largos meses de invierno. Como durante estos días, se le recordará por sus novelas de ciencia ficción y cuentos de fantasía, a los lectores que quieran conocer otra faceta, deseo compartirles el relato que me hizo descubrir a este gran escritor, un cuento romántico hasta la médula, una declaración de amor al cine. Una traducción libre que hicimos a cuatro manos con mi esposa Patricia y que he publicado en mi blog, al cual están invitados.

A los lectores adultos que no les interese la ciencia-ficción les recomiendo 'El vino del estío', una nostálgica crónica de infancia en uno de esos fugaces pero intensos veranos en Waukegan, Illinois, que en la novela aparece como el pueblo ficticio de 'Green Town'. A los niños y jóvenes, hay una preciosa edición en español de 'Cuentos de Dinosaurios', entre los cuales está esa maravillosa historia de un dinosaurio enamorado de un faro.

Todos tenemos frustraciones de cariño, esas deudas del alma que ya no pueden pagarse, en mi caso uno de esos naufragios insalvables, no haber viajado a Los Ángeles e intentado llegar a la casa de Ray Bradbury, solo para saludarlo y en mi precario inglés agradecerle por ser mi padre literario. En fin, esperemos que realmente exista el cielo y podamos saldar esa deuda.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin

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