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Liderazgo en tiempos de crisis

"La habilidad con la que un líder asume los inesperados cambios es lo que marca la diferencia entre el líder que sabe para dónde va y aquel que simplemente marcha al toque de la trompeta"

Crónicas de viajes

Farid Lozada

Indiscutiblemente las crisis ponen a prueba a líderes, jefes de gobierno, políticos, científicos, empresarios, directores, supervisores, etc., que se encuentran bajo presión cuando deben tomar decisiones radicales y las circunstancias no les dejan otra opción que optar por un cambio radical.

¡Los cambios son buenos porque nos hacen salir de nuestra zona de confort!

Durante el mes de Febrero del año 2020, me encontraba en Ginebra (Suiza) asistiendo a la 43 Asamblea General de Derechos Humanos en el Palacio de las Naciones de la ONU (en la imagen superior), representando a mi organización, la cual dirijo desde hace más de 15 años. Escuchaba con atención a los representantes de otros países y sus intervenciones me hacían reflexionar sobre el caótico mundo en el que vivimos. Líderes mundiales y representantes de diferentes organizaciones internacionales clamaban por un mundo mejor, más justo, más equitativo, un mundo donde se valore más la vida, donde se respete el valor de la mujer, de los niños, un mundo donde los salarios sean justos, un mundo donde los derechos humanos sean respetados según los acuerdos internacionales, un mundo donde los líderes de gobierno sean más imparciales al tomar decisiones que afectan a sus países, dejando de lado sus intereses particulares.

Michelle Bachelet: "Mi trabajo consiste en sugerir a los gobiernos las directrices que deben seguir, pero son ellos los que deben solucionar sus propios problemas"

Observaba con atención a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos y expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien tomaba atenta nota de todos y cada uno de los reclamos que los distintos representantes de los diferentes países, a los que se les permitía hablar no más de tres minutos, exponían, algunos de forma airada y otros con sutil delicadeza y elocuente diplomacia, pero poniendo de tal forma el dedo en la llaga que hacía soltar quejidos de dolor a la audiencia que escuchaba con atención con sus audífonos de traducción simultánea bien puestos en sus oídos. Al finalizar uno de los agotadores días lleno de intervenciones, me acerqué con pausada lentitud a Michelle Bachelet y al saludarla en español me sonrió y al instante empezamos a entablar una conversación casi de amistad, después de unos minutos y sabiendo que mi tiempo iba ser corto en el casual encuentro diplomático que propicié, me atreví a hacerle una pregunta:

- Comisionada, ¿cómo hace usted para dar solución a todos los problemas del mundo que le han presentado en esta asamblea?

Me miró con una sonrisa relajada y me dijo:

- Mi trabajo consiste en sugerir a los gobiernos las directrices que deben seguir, pero son ellos los que deben solucionar sus propios problemas.

Nos despedimos muy cordialmente y me dirigí a una de las tantas cafeterías del Palacio de las Naciones para tomar un café. Mientras reflexionaba un poco sobre la respuesta que Michelle Bachelet me había dado a la improvisada pregunta que le hice, mi teléfono móvil sonó con timbre de mensaje. Era el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, que anunciaba que el mundo había sido invadido por una pandemia altamente contagiosa llamada 'Coronavirus' y que las reuniones en el Palacio de las Naciones se habían cancelado, por lo tanto todos los asistentes internacionales debíamos devolvernos inmediatamente a nuestros países de origen. Me sentí desconcertado, llamé algunos de mis amigos de otros países que también asistían a las conferencias para comprobar la veracidad del mensaje que acababa de recibir del Secretario General de la ONU. Mi asombro fue mayúsculo cuando constaté que todo era cierto y me di cuenta que muchos de ellos ya estaban trasladándose al aeropuerto para su viaje de regreso con sus bocas tapadas con una mascarilla de color blanco.

"El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, anunciaba que el mundo había sido invadido por una pandemia altamente contagiosa llamada Coronavirus"

A mi regreso a Bogotá tuve que hacer una escala en el aeropuerto de Barajas en Madrid (España). Me sorprendí al ver la desolación del aeropuerto, que por lo general siempre está atiborrado de viajeros. Algunos policías ordenaban en una fila a los pasajeros que veníamos en el vuelo de Ginebra para tomarnos la temperatura y hacernos un sin número de preguntas. Comprendí entonces que el mundo se preparaba para un cambio brusco, sin previo aviso, un cambio inesperado, repentino, impensado, ¡un cambio al que nadie estaba preparado para asumir!

Mientras aguardaba el avión que me traería de regreso a Colombia en la sala de espera que nos habían asignado, me di cuenta que solo había un pequeño kiosco que vendía jugo de naranja y emparedados de queso, decidí entonces hacer la larga fila ordenadamente para comprar un jugo antes de que se acabaran, mientras observaba a un policía de la Guardia Civil española que daba órdenes al estilo militar:

- Distancia de dos metros.

Obedecí ciegamente la orden tratando de medir los dos metros en mi mente, mientras escuchaba en mi teléfono celular una entrevista que le hacían al famoso paleo-antropólogo español Juan Luis Arsuaga con respecto a la pandemia que ya se había apoderado del mundo. Una de las respuestas de Arsuaga llamó claramente mi atención cuando dijo: “Vivir es estar permanentemente a punto de morir”.

Juan Luis Arsuaga: “Vivir es estar permanentemente a punto de morir”

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A mí llegada a Bogotá las cosas no fueron diferentes. En el aeropuerto El Dorado tuve que firmar un documento en el cual me comprometía bajo juramento, so-pena hasta de cárcel que me causaría el rompimiento de mi promesa firmada, si no cumplía una cuarentena obligatoria de quince días en mi casa.

Llevo más de un año en constantes cuarentenas, y creo que la pandemia llegó para quedarse por largo tiempo, cambiando hasta los hábitos más sencillos de nuestra vida.

Las crisis han ocurrido siempre a través de la historia de la humanidad, dejándonos grandes enseñanzas. Las crisis siempre existirán mientras los seres humanos vivamos en este mundo.

La habilidad con la que un líder asume los inesperados cambios ya sean en el gobierno, en las altas esferas de la política, a nivel empresarial, de juntas directivas o simplemente como jefe de un hogar, es lo que marca la diferencia entre el líder que sabe para dónde va y está preparado para lo inesperado y aquel que simplemente marcha al toque de la trompeta.

"El verdadero líder es aquel que genera cambios radicales en su organización buscando el bien de sus colaboradores"

Miles de años atrás en el antiguo Egipto, ocurrió una de las tantas pandemias que azotaron sin consideración a los pobladores de  aquella tierra gobernada por grandes faraones. No fueron las diez famosas plagas de las que tanto hemos escuchado hablar, fue algo mucho peor, se acercaba una pandemia llamada 'Hambruna'. El gobernante de aquella época, el gran Faraón, se revolcaba en su colosal lecho sin hallar la solución, hasta que escuchó hablar acerca de un joven con nombre popular, José. En la conversación que sostuvieron, este joven le habló al faraón, entre muchas otras cosas, de planificar estratégicamente el país para hacer frente a la nueva pandemia que se avecinaba, la 'Hambruna', pero le dijo que el líder que fuera a dirigir la operación debía tener dos cualidades que lo diferenciarían de los demás líderes del país, para así evitar las improvisaciones:

- Prudencia y Sabiduría.

El gran Faraón vio en el joven de popular nombre, José, el hombre adecuado para dirigir la operación y Egipto salió ileso de la gran pandemia de la 'Hambruna' asegurando su liderazgo mundial por muchas años más.

El Liderazgo no debe su éxito a la improvisación, el verdadero líder es de ideas independientes, claras y sencillas, el verdadero líder es aquel que genera cambios radicales en su organización buscando el bien de sus colaboradores, el auténtico líder no se ufana de sus logros y sus conquistas apoderándose de tesoros ajenos, el verdadero líder es aquel que simplemente dice:

"No soy el mejor, soy el adecuado”.

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Farid Lozada es CEO de la Fundación ABBACOL.

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