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Town Called Malice

"Ella con su cabeza sobre mis piernas, mientras voy meciendo su cabello oscuro al son de la canción de The Jam 'Town Called Malice'"

Una noche cualquiera. Recostado en mi sofá. Pies sobre la mesa. Ella con su cabeza sobre mis piernas, mientras voy meciendo su cabello oscuro al son de la canción de The Jam 'Town Called Malice'. Algunos recordarán la canción por la película Billy Elliot. Allí un chico adolescente de una ciudad industrial del Reino Unido acaba convirtiéndose en una estrella de ballet. Todo ante el asombro y el poco apoyo inicial de su comunidad. Vive cada momento con intensidad.

La letra es brillante, ideal para una velada tranquila. Una noche de vino intenso y comida ligera. Una noche de recuerdos en la oscuridad. Una noche solo iluminada por la luna al trasluz del ventanal. La canción, sin lugar a dudas, ayuda. Dice: “mejor dejar de soñar con la vida tranquila porque es la única que no conocemos …. y dejar de disculparse por cosas que nunca has hecho. Porque el tiempo es corto y la vida cruel. Pero nos toca a nosotros cambiar esta ciudad que se llama malicia”.

Uno recuerda sus amores pasados. Aquellos amores adolescentes, donde la palabra, las sensaciones, las emociones te transportaban a otra dimensión. Aquellos amores platónicos que uno nunca debe olvidar. Aquellos amores donde un simple beso, una mano cogida, servían para esbozar la más grandes de las sonrisas. Quizás en aquellos tiempos no conocíamos la ciudad llamada malicia. Tampoco sabíamos disculparnos por aquellas cosas que no tuvimos tiempo de hacer. Hemos madurado para cambiar, pero no hemos cambiado por madurar. Un monopoly sencillo de palabras como la vida misma.

Era la vida tranquila. Una vida sin preocupaciones, más allá de una cita, de un beso robado furtivamente. Pendientes de una llamada llena de sensaciones. Juegos de miradas inocentes, tentaciones escondidas detrás de cada palabra. Fruncir de labios esperando un gesto. Cada segundo era un minuto, cada minuto era una hora, y una hora era una eternidad de placer.

Vivir al final tiene sus momentos. Vivir del pasado es un error de muchos presentes. Recordar el pasado es el placer del presente. Esa canción de The Jam me trae recuerdos, pero el mejor recuerdo siempre es el presente. Un pequeño balanceo de mis piernas al ritmo de la música genera un masaje suave y dulce en la cabeza reposada sobre mi. Cierro los ojos, recuerdo, no olvido, pero vivo el presente. No hay mirada al pasado que pueda sobrevivir a una noche del presente. Nunca olviden el pasado. Disfruten de su música preferida, disfruten de su presente

 

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