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Anu

"Anu vaciló, deteniéndose a buscar a su guía y pronto siguió andando, preocupado por el ave, y por sí mismo, ya que no tenía idea de dónde estaba"

En una montaña muy, muy alta, vivía una mujer mayor. Era misteriosa. Nadie la conocía. Siento contaros que nadie supo su nombre. La mujer era pobre y vivía en una cabaña al lado de un pequeño lago en la montaña. La gente que vivía en la aldea cercana, a unas pocas horas a distancia, escuchaba pequeñas historias sobre ella. Nuestra historia empieza allí, una aldea pequeña con muchos años. Era curioso que aún siguiese en pie. Tenía casas hechas de piedra o madera. Las calles estaban llenas de tierra y paja y era fácil escuchar el relincho de un caballo o el mugido de una vaca.

Anu tenía ocho años y era increíblemente listo. Tenía pelo castaño y ojos negros. Era delgado y bajo, ya que la comida era limitada. Los adultos rara vez le prestaban atención y los niños tampoco ya que no podía hablar. Los otros niños se reían de él por eso, lo excluían de sus juegos y lo maltrataban, como si Anu fuese apenas un animal. Mientras ellos jugaban, Anu se subía al silencio de los árboles. Observaba las aves que se posaban en las ramas con atención. Era capaz de imitar un silbido parecido al de un pájaro, tan parecido que se acercaban a él lo suficiente como para poder acariciar las plumas suaves. Se sentía tan solo que pasaba el tiempo con los animales.

Un día, estaba sentado en un banco, acariciando un gorrión que se había posado en su dedo, cuando una figura entró en la aldea: era una mujer alta y delgada, con pelo oscuro. Iba vestida con vestido largo, chaqueta vieja y con unas botas de montaña. Se fijó en el niño, que tenía el pájaro en su dedo índice y lo acariciaba dulcemente. La mujer siguió andando, lanzándole una mirada más antes de desaparecer.

La noche llegó, la hora favorita de Anu. Era cuando había más silencio y cuando soñaba con poder jugar con los otros niños. Se quedó despierto por algunos momentos antes de irse a dormir. Y algo curioso pasó: soñó que andaba por un campo lleno de flores; un campo que no conocía de nada pero decidió disfrutar el aire fresco. Se percató de que estaba en una montaña, y ésta era la montaña que se podía ver desde su casa. El viento se volvió aún más fuerte, mucho más fuerte. Se cayó en la hierba fría, sintiendo que el viento removía su pelo. El viento se volvió aún más fuerte, forzando a Anu a cerrar los ojos fuertemente. Y de repente, el viento cesó. Abrió los ojos de nuevo: se encontraba en un lugar más o menos parecido al anterior, con la única diferencia de que en él había una cabaña justo en frente. Se levantó lentamente, sintiendo que el corazón galopaba en su pecho. Y se dio cuenta que no estaba solo: una mujer mayor le miraba, apoyada en una caña. Anu dio un paso hacia atrás.

-Ven a mí, pequeño gorrión.

La escena comenzó a cambiar.

Anu se despertó, sobresaltado. La luz del sol entraba por su ventana, bañando el cuarto. Escuchó un ruido extraño, como algo golpeando el cristal. Giró la cabeza lentamente, mirando hacia la otra ventana y vio una lechuza posada en su marco, dándole golpecitos al cristal con una de sus garras. Anu se levantó lentamente, mirando a la ventana y entonces la lechuza se quedó quieta, observándole intensamente, como lo hacen las lechuzas.

Ven a mí, gorrión recordó Anu con inquietud. Esto también debía ser un sueño. Se acercó a la ventana. Y la abrió. La lechuza desplegó sus alas gigantes y se introdujo en su cuarto. Se posó sobre su cama, ululando. Era curioso para ser un sueño. Anu se quedó admirando ell ave, que era de gran tamaño. Entonces la lechuza saltó al suelo, agitando sus alas. Se dirigió a la puerta, tocándola con su pata así que el niño decidió que haría bien en abrirle la puerta. La lechuza salió disparada hacia el salón y Anu descendió por las escaleras, cautelosamente ya que lo último que deseaba era despertar a sus padres... aunque era un sueño y no era probable que pasase. Entró en el salón, donde encontró a la lechuza nuevamente tocando la puerta exterior con sus garras en señal de querer salir.

Esta es la parte en la que os aviso que esto no era un sueño. La lechuza era real. Lo que estaba sucediendo era verdad.

Anu abrió la puerta, dejando salir al animal. Le condujo por los caminos de tierra, justo al final de la aldea, pero el niño se paró, vacilante, al llegar al límite. Tenía ocho años y no era racional que siguiese a una lechuza. Pero, se recordó, sonriendo, esto es un sueño.

La lechuza lo esperaba, posada en una valla. Quería que siguiesen. Anu se aproximó al ave, que abrió las alas y se lanzó al aire. Era enigmático. La lechuza se posaba a una cierta distancia y esperaba a que el niño se acercase para volver a moverse, volando silenciosamente para posarse en otro lugar.

Anu no se cansaba de andar. Sus piernas eran duras, igual que su determinación. El paisaje empezó a cambiar, volviéndose rocoso, con rocas grandes y arbustos a los lados. La lechuza se impacientaba, llamándolo con una llamada penetrante y aguda. Anu siguió, andando más rápido, lo que hizo que se tropezara y cayera. Escuchó el ruido de alas batiendo y un momento después el ave aterrizo en frente de él, mirándole con ojos extrañamente preocupados. Anu se levantó.

-Estoy bien- le dijo. La lechuza entrecerró lo ojos antes de volver al aire.

Pasaron horas y Anu aún seguía al ave. Se sentía cansado y comenzaba a dudar de que lo que estaba sucediendo fuese realmente un sueño. Llegó un momento en el que la lechuza desapareció de la vista del niño. Anu vaciló, deteniéndose a buscar a su guía y pronto siguió andando, preocupado por el ave, y por sí mismo, ya que no tenía idea de dónde estaba. Entonces, la visión de una cabaña extrañamente familiar le sorprendió… 

CONTUNUARÁ… 

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Comentarios

Muy bonito cuento, quedo en capítulo.

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