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Día I

"Mi mano acaricia el colgante alrededor de mi pescuezo: todo lo que tengo ahora mismo para darme suerte y esperanza"

Día 1- Clarisa, inglesa, 16 años

Mis ojos se abren, parpadeando. Mi boca está desagradablemente seca. Por primera vez, no estoy temblando. Pero sí que parpadeo varias veces. Algo tira de mi camiseta. Giro la cabeza un poco, empezando a temblar, y veo a un pájaro casi esquelético. Sus plumas son completamente negras y tiene el cuello largo y rosa. Es un buitre. Los buitres son carroñeros. Me siento rápidamente, espantando al animal, que se asusta. Seguro que pensaba que estaba muerta. Me lamo los labios, sintiendo pequeños ríos de sangre empezar a salir. Me paso la mano por la boca, manchándola de sangre. Pues vaya. Me doy cuenta de que estoy sentada sobre arena. Espera un momento…

¿Qué diablos hago en el medio del desierto?

Día 1- Marcos, español, 15 años

Ahora mismo tengo una cosa metida en mi mente: tengo que sobrevivir. Saco de mi mochila un cuchillo largo y me lo ato al cinturón. La voy a necesitar más tarde si quiero cenar. No solo llevo un cuchillo dentro de mi mochila. También llevo pilas, una linterna, una cantimplora de agua, y lo más importante, una libreta para escribir. Si no la hubiese traído, probablemente me hubiese vuelto loco. Se me acumularían las palabras y me volverían loco. No sé por qué, pero así soy yo.

Día 1- Ai Mi, china, 18 años

Esto es una locura. Me quito el paracaídas, gritándole al avión. La mochila queda tirada a mi lado, abandonada por ahora.

-Yúchǔn de háizi de fùqin!- grito en chino (¡padre de hijos estúpidos!) alzando mi puño. Sí, soy china.

La avioneta desaparece y dejo que mis brazos se desplomen a mis lados. No me puedo creer lo que acaban de hacer. Son unos idiotas al pensar que pueden dejar a un grupo de novatos por todo el desierto. No les importa. Nos dan mochilas, un par de cantimploras y nos dicen: debéis de sobrevivir, ¡ayudaros los unos a los otros! Nos ponen paracaídas y nos lanzan de una avioneta. No entiendo por qué mis padres decidieron hacer esto. Me dejo caer sobre la arena cuando las lágrimas empiezan a caer.

Día 1- Javor, ruso, 15 años

¡Ah! qué divertido es todo esto. Al menos pensaba eso hasta que me tiraron de ese krovayy avión. Recuerdo prácticamente nada: un par de manos empujándome, yo cayendo a toda velocidad, apretar el botón para abrir el paracaídas. Pensaba que había muerto. Pero estoy vivo y debo sobrevivir.

Día 1- Pappu, indio, 13 años

Escupo la sobre la que he caído boca abajo. Normalmente diría alguna tontería, pero supongo que no vale la pena justo ahora. Me levanto, librándome del paracaídas y cogiendo la mochila. Cantimplora, pilas, linterna… ¿pero ni un amuleto de suerte? Me la llevo a la espalda. Soy el más joven de los cinco. Tengo solo visión en un ojo: cuando era pequeño, un leopardo me atacó. Mi padre le disparó, pero eso no evitó que el felino me arañase en el ojo.

Tengo el apoyo de los dioses. Mi mano acaricia el colgante alrededor de mi pescuezo: todo lo que tengo ahora mismo para darme suerte y esperanza. Saubhaggy. Buena suerte. Es lo que mis padres me dijeron antes de abandonarme.

CONTINUARÁ

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