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Jaulas III

"Los dos lobos se gruñen el uno al otro y el que me atacó pierde terreno ante el lobo blanco, momento en que salgo corriendo para coger la espada, pero uno de los animales me hace caer y el escudo me complica la respiración"

La espada es pesada pero mi atención está en los lobos que me rodean. Hay tres en total. Llevan arneses que los protegen. Retrocedo lentamente, sin quitar los ojos de mis oponentes. En su asiento, Diana se inclina hacía adelante. Levanto mi mirada para mirarla a ella.

-No me voy a rendir tan fácilmente, Diana.- digo en voz alta.

Justo en ese momento, algo se abalanza sobre mí. La espada sale volando, pero el escudo me salva. Lo mantengo encima de mi para protegerme de los dientes de un lobo completamente negro. Con todas mis fuerzas, empujo al animal lejos de mí, levantándome rápidamente. Me rodean, gruñendo. Alzo el escudo, protegiéndome la garganta. La espada está demasiado lejos. Estoy indefensa…o casi…

Un lobo salta con su boca abierta pero yo me tiro al suelo, causando que el lobo se caiga encima del otro lobo blanco. Me levanto, aprovechando esta oportunidad para escapar. Los dos lobos se gruñen el uno al otro y el que me atacó pierde terreno ante el lobo blanco, momento en que salgo corriendo para coger la espada, pero uno de los animales me hace caer y el escudo me complica la respiración. Puedo oler el aliento pútrido del lobo cuando el animal acerca su cara, sus mandíbulas entreabiertas. Sus ojos encuentran los míos, y veo algo… humano.

-Ah… Hombre lobo…- digo suavemente, estremeciéndome. El lobo inclina la cabeza un poco. La atención de la gente está en los otros lobos, que se pelean. Parece que se han olvidado de mí.

-Tenemos poco tiempo- me susurra.

-Esto quizás te duela- y me coge el brazo entre sus dientes, arrastrándome hacia el muro bruscamente. Me deja al lado del muro.

-¿Son ellos Hombres lobo?- le pregunto, mirando a los dos lobos despedazándose el uno al otro.

-No. Ni siquiera se comportan como lobos reales. Creo que la reina los envenenó- me explica.

El hombre lobo mira hacia Diana y veo que ella nos mira confusa.

-Finge que te acabo de hacer daño- dice el hombre lobo en voz baja - ¡rápido!

Me dejo caer al suelo, fingiendo que me duele el brazo. Bueno, en realidad sí que me duele. Los dientes del Hombre lobo son lo suficientemente puntiagudos para dejar marcas. Uno de los lobos se acerca a nosotros amenazadoramente. El hombre lobo le gruñe. Me tranquiliza que es mucho más grande, así que no le resulta difícil tirarlo al suelo.

-¡No lo mates!- le grito, pero es demasiado tarde. El animal cae al suelo, muerto. El estadio cae en silencio.

-Eso no tenía que pasar- dice Diana desde su asiento. El otro lobo da un gemido y sale corriendo. El Hombre lobo retrocede un paso, mirando alrededor de sí. Sus ojos se fijan en una de las puertas.

-¡Coge el escudo y corre!-me dice con urgencia. Me levanto, mientras que mi salvador se precipita hacia las puertas con la cabeza agachada. El impacto es ruidoso pero la puerta no se rompe, aunque se debilita. Se oye un rugido viene desde el interior. Me quedo donde estoy. Unas garras se cierran alrededor de los barrotes de la puerta. El Hombre lobo va a soltar a la Ceniza de Sangre. Las garras se retiran. Quizás la ceniza no quiera salir de allí pero finalmente la puerta sale volando y la fiera se libera de su jaula. El hombre lobo se aparta de su camino, corriendo hacía mí.

-Tenemos poco tiempo para escapar- dice -súbete.

-¿Qué?

-¡Que te subas!

Me subo al lomo del hombre lobo con el escudo en una mano mientras que la otra agarra su pelo. Empieza a correr, entrando por el cuarto que ocupaba la Ceniza, que ahora ataca a los soldados que entran por las otras entradas. El Hombre lobo parece saber por donde ir. Puedo sentir su rápida respiración. De repente, se para.

-¡Diana!- dice en un gruñido.

-¡Maldito Fenrir!- grita mi hermana, saliendo de las sombras sorpresivamente.

-Mataste a mis padres- gruñe Fenrir.

-Era necesario. No estaban contentos con mi nuevo reinado sobre la pequeña comunidad de Hombres lobo.

-Tienes una alma retorcida. Lo sabes, ¿no?- Dice Fenrir con veneno en su voz. Diana sonríe.

-Eso dicen los que no aprecian mi inteligencia y mando.

Fenrir está tenso. Va a atacar a Diana. Le toco la cabeza con la mano que antes agarraba su pelo y me bajo de su lomo. Paro junto a su hombro.

-Diana, déjanos ir- le suplico a mi hermana. Diana se queda pensativa por unos momentos. No es que tenga esperanzas en que muestre compasión pero sé que el imponente aspecto de Fenrir está haciéndole preguntarse si no será mejor no interponerse en nuestro camino.

-Te dejaré ir esta vez. Pero te juro que te encontraré - dice finalmente. Está sola, y Fenrir la podría matar en un segundo. Esa es la única explicación de su decisión. Me vuelvo a montar en el lomo de Fenrir y empezamos a andar, sin mucha confianza en la tirana. Se para, su cabeza baja, enfrente de Diana. Espero con miedo.

-Tú eres la que debe tener cuidado, reina de pacotilla, porque tu reinado se va a terminar muy pronto- le advierte Fenrir amenazadoramente, dejando atrás a quien ya es enemiga de hombres y lobos por igual.

Dejamos atrás el estadio y siento alivio al verme libre. El estadio es un punto pequeño en la distancia cuando Fenrir pronuncia las primeras palabras desde que nos marchamos:

-Tienes mucho que aprender, princesa. Y un reino que recuperar. Con mi ayuda y la de los de mi raza.

Sonrío aliviada y agradecida al que ha sido mi amigo desde la infancia, en que los dos éramos cachorros en palacio. 

FIN

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