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Lucas II

" Se pregunto por qué le avergonzaba que Savannah, a la que acababa de conocer, hubiese dicho eso sobre él mientras que cuando se lo decía otra gente ni le importaba un pepino"

Lucas se bajó del coche, viendo como Zack se marchaba con sus amigos. Ya sabía que la acampada no iba a ir bien. Sacó la mochila del coche, cerrando la puerta de un portazo. Su madre conversaba con otros adultos, y miró a Lucas y le hizo un gesto con la mano para que se acercase.

-Este es mi hijo, Lucas- dijo ella, presentándolo. Lucas se quedó callado, mirando al suelo.

-Ah, encantada de conocerte. Yo soy Matilda, la encargada del campamento- dijo una mujer alta de pelo castaño y ojos marrones. Se sonrieron mutuamente.

-Ve a jugar con los otros chicos, Lucas- le dijo su madre, sonriendo.

-Pero…- Lucas empezó a decir.

-Venga, hombre. Te lo pasarás bien.

Lucas se dio la vuelta, dándole una patada a una roca pequeña. ¿Qué pretendía su madre? ¿Que se muriese de vergüenza? Ya me empiezan a sudar las manos. Se las limpio bruscamente en los pantalones.

-¡Hola!- saludó una voz detrás de él. Lucas dio un salto del susto y se giró.

-¡Uy! Lo siento, no pretendía asustarte,- dijo la chica. Tenía la piel oscura y mucho pelo, y muy rizado. Era baja y tenía los ojos grisáceos.

-Er, no pasa nada- dijo Lucas. La chica le sonrió.

-Me llamo Savannah- se presentó.

-Lucas- le respondió.

-Ven- le invitó Savannah, echando a andar hacía la zona de tiendas. Lucas miró a su madre una vez más, y después la siguió, pensando que su madre estaría encantada de verle socializarse un poco.

-Para serte sincera- dijo Savannah, -al principio pensé que eras una chica.

-Ya. Todos dicen eso si no me conocen- explicó Lucas mientras caminaba, mochila al hombro. Savannah le miró furtivamente.

-Bueno, admitirás que no es extraño- dijo. Volvió a mirar al frente sin darse cuenta de que Lucas estaba un poco enrojecido de vergüenza. Se pregunto por qué le avergonzaba que Savannah, a la que acababa de conocer, hubiese dicho eso sobre él mientras que cuando se lo decía otra gente ni le importaba un pepino. Savannah se giró, desapareciendo de su visión. Pero él la siguió, llegando a un lugar donde había unos troncos para sentarse. Un espacio para hacer una hoguera, estaba siendo delimitado por varios niños y adultos. Lucas vio a Savannah hablar con alguien… ¡¿Zack?! Lucas sintió cómo su latido se aceleraba y cómo sus manos volvían a sudar. Se las ocultó en los bolsillos del pantalón.

Pensó que se podría ir sin que nadie se diese cuenta... Se dio la vuelta, pero ya era demasiado tarde.

-¡Lucas!- llamó Savannah. Lucas se quedó quieto, y luego se dio la vuelta. Savannah sonreía en su dirección, saludando para atraer su atención. Zack le miraba con una ceja levantada y los brazos cruzados. Lucas suspiró ruidosamente y con fastidio y empezó a andar hacía Savannah, una gota de sudor bajando por su frente. El tiempo parecía ir más lento, y Lucas comenzó a preguntarse si de verdad estaba avanzando. Todo parecía alejarse y se volvía borroso…

-¡Lucas! ¿Lucas?

La voz de Savannah le hizo volver a la realidad. Ella y Zack lo miraban, curiosos. “¿Qué pensarán de mí?” se preguntó Lucas.

-Este es mi amigo, Zack- dijo Savannah sonriente.

-Ya nos conocemos- dijo Zack, mirando a Lucas con expresión de pocos amigos.

-¡Guay! ¡Entonces podemos estar en el mismo grupo!- dijo con entusiasmo la chica.

Eso. Era. Terrible. Lucas casi se atraganta del susto. ¿Él y Zack juntos? Serían como el perro y el gato. Zack miró a Savannah con cara de asco:

-¿Vas de broma? Este es un blandengue.

-Tiene razón…- murmuró Lucas, pensando que era la coartada perfecta para largarse, pero Savannah le interrumpió.

-Da igual. Nosotros venimos para pasarlo bien. Da igual quién esté con nosotros mientras todos nos divirtamos, ¿no?

Lucas y Zack se quedaron en silencio por unos momentos hasta que Zack protestó:

-¡Pero vamos a perder todas las pruebas!

-¿Y qué más da?- contestó la chica, mirando a Zack con tal mirada que hizo a Zack bajar la vista. Lucas estaba asombrado. Nunca había visto a alguien hacer callar a Zack, excepto a sus profesores. Savannah se giró para verle la cara:

-Y tú no digas cosas negativas sobre ti mismo, Lucas- dijo con voz suave.

La noche llego rápidamente. Lucas se sentó al lado de su madre en uno de los troncos alrededor del fuego. De vez en cuando miraba a Savannah y a Zack, que hablaban animadamente. ¿Cómo podía ser que a álguien le gustase Zack?¿Cómo podía ser que él no la maltratase como lo hacía con otra gente? Infelizmente, su madre lo pilló mirándolos:

-¿Por qué no te vas con ellos?- preguntó. Lucas recordó que nunca le había contado a su madre sobre Zack.

-Er…- murmuró. Su madre le miró con una ceja levantada. -Me da vergüenza- acabó Lucas, bajando la mirada.

-Estoy segura de que hablarán contigo- dijo su madre con una sonrisa. Justo entonces, Matilda, la encargada, se levantó.

-Necesitamos que un par de personas vaya a coger leña para el fuego- Savannah se levantó de un brinco:

-¡Zack, Lucas y yo iremos!- “!¿Qué?!” pensó Lucas. Zack se levantó, estirando un brazo y pasándose la mano por el pelo.

-Vale- dijo Matilda, volviéndose a sentar.

-Venga, Lucas. ¡Tú puedes!- le animó su madre. Lucas se levantó, sintiendo como si sus piernas fuesen de gelatina. Se acercó a Zack y a Savannah, quienes lo esperaban.

-¡Venga, chicos!- dijo Savannah. Se dirigieron hacia la espesura del bosque y Savannah encendió su linterna, alumbrando hacia el suelo. Lucas nunca supo que el bosque podía dar tanto miedo.

-Por aquí- indicó Zack, andando adelante. Lucas y Savannah lo siguieron, evitando zarzas y otras plantas con pinchos. Apenas pasaron unos minutos cuando Zack se cayó, lanzando un grito ahogado.

-¿Zack?- preguntó Savannah, apuntando su linterna a Zack. El chico estaba tendido sobre el suelo, su pelo despeinado y su pierna en una posición imposible -¿Estás bien?

-Sí, solo me…- dijo Zack, tratando de levantarse, pero no lo conseguía. Mordía su labio, y Lucas vio en sus ojos miedo.

-Te has roto la pierna- declaró Lucas, sintiendo que las cosas iban de mal en peor… 

CONTINUARÁ

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