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Miedo

"Era una criatura horrorosa, como un cocodrilo con escamas grises, ojos rojos, dientes y garras como puñales y un par de alas pequeñas en su espalda"

Había un pequeño destello de luz proveniente de la cocina. Luego, lo que parecía un accidente, al caer una sartén al suelo. A continuación, hubo un grito y unas pocas palabras amortiguadas. Y luego, un silencio inmenso. La puerta se abrió y salió un hombre, frotando la parte posterior de la cabeza. Iba vestido con un traje de color marrón claro y un sombrero de copa, su cara escondida por las sombras que lo invadían. Se escuchó un gruñido y el hombre reaccionó rápidamente, golpeando la puerta cerrada e inclinando su peso sobre ella, respirando intensamente.

No era la primera vez que sucedía y sin embargo nunca se acostumbraría a la… realidad.

El hombre escuchó la cerradura de la puerta mientras la criatura detrás de ella intentaba abrirla, gruñendo y arañándola. Sabía que la puerta no duraría mucho tiempo, que la criatura no tendría piedad si llegaba hasta él, y sin embargo y a pesar del terror que sentía, pudo llegar hasta la cerradura, girando la llave y apartándose de la puerta. Su pecho se agitaba mientras trataba desesperadamente de llenar sus pulmones con oxígeno. No sabía dónde estaba, pero decidió guardar las preguntas y poner su supervivencia en primer lugar. Miró a su alrededor, sus ojos se acostumbraron a la oscuridad. Vio cortinas tiradas sobre las ventanas, una sala de estar justo fuera de la cocina en la que había atrapado al monstruo y unas escaleras que llevaban al siguiente piso. Deseaba que quien viviera en la casa no estuviera, mientras corrió hacía las escaleras, tratando de hacerlo en silencio.

Subió la escalera, sus pulmones ardían al llegar al rellano. Había otras dos puertas. Intentó la primera, pero estaba cerrada. Con desesperación intentó la siguiente puerta y esta vez la encontró abierta. Entró, cerrando la puerta y girando la llave en la cerradura. Oyó un golpe desde el piso inferior cuando el monstruo irrumpió en él. Lo había esperado, pero incluso entonces su corazón se hundió mientras dejó salir una palabrota, su cuerpo entero temblando con el miedo que lo inundaba. Podía ahora escuchar que la criatura subía por las escaleras, gruñendo mientras lo hacía. El hombre cerró sus ojos, tratando de no desfallecer. No quería morir, pero todo apuntaba a que eses serían sus últimos momentos. Se apartó de la puerta lentamente, tratando de mantenerse silencioso. Su espalda tocó algo, y se dio la vuelta para encontrar a una mujer baja. Se llevó el dedo índice a los labios pidiéndole silencio. Cuando abrió la boca para explicarle a la mujer, justo en ese momento, la puerta fue destrozada por unas garras afiladas, mostrando al monstruo detrás de ella.

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Era una criatura horrorosa, como un cocodrilo con escamas grises, ojos rojos, dientes y garras como puñales y un par de alas pequeñas en su espalda. Su boca se abrió para mostrar sus colmillos, goteando con saliva lo suficiente ácida para descomponer cualquier cosa que tocase. Al hombre casi se le paró el corazón. Adiós a su vida. La criatura avanzó hacia ellos, pero antes de que pudiese rematarlos, un cuchillo salió de la nada, clavándose en el ojo de la criatura, quien soltó un grito de dolor e ira, retrocediendo. El hombre giró su cabeza y vio que la mujer sujetaba un par de cuchillos en cada mano, listos para hendirse en la criatura una vez más. El monstruo se retorcía violentamente, tratando de arrancarse el cuchillo. El suelo iba empapándose de un líquido rojo.

-¿A qué esperas? ¡Corre!- le gritó la mujer, empujándole más adentro del cuarto y guardando los cuchillos. El hombre obedeció, siguiéndola rápidamente mientras el monstruo se retorcía de rabia y de dolor.

-¡Por aquí!- le gritó la mujer, corriendo hacia una ventana y abriendo la cortina que la tapaba. El hombre no se detuvo, ayudando a la mujer a bajar una cuerda. Escucharon un grito, y los dos se dieron la vuelta para ver al monstruo avanzar hacia ellos con el único ojo servible inyectado de odio. La mujer sacó una vez más sus cuchillos y lanzó uno de ellos, clavándose en el pecho de la criatura, lo que no sirvió para alejar al monstruo, sino que hizo que el odio y las ansias de venganza se multiplicaran, lanzándolo hacia ellos…

Justo en ese momento Axel se despertó, sus ojos abriéndose de repente, con el cuerpo temblando y las palmas de las manos sudando, a la vez que un gritó se ahogó en su garganta. Se abrazó a sí mismo, palpándose todo el cuerpo y cayendo en cuenta de que solo era un sueño. Una pesadilla horrorosa, un día más…

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