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Toma I

"Acababa de sacar al cerdo a pasear, cuando me encontré a ese hombre muerto en el suelo"

-¿Llamamos al detective Paquito?- preguntó la Señora Caribe.

-Sí. Si no lo hacemos, ¿quién se ocupará de este buen hombre?- le contestó su marido, apuntando al cuerpo tirado en el suelo. La Señora Caribe se encogió de hombros, continuando con la calceta.

-Pues yo qué sé, ¿la vecina? O podría hacerlo el jardinero…

-No, mujer ¡que tiene que hacerlo un profesional!-aseguró muy convencido el señor Caribe.

-¿Un profesional? Pues la vecina es profesional en tocarme las narices, por si eso cuenta.- comentó con desdén la esposa, justo antes de que alguien llamara al timbre.

-Ese debe de ser el detective- anunció con alivio el señor Caribe, levantándose de su silla y dirigiéndose a la entrada principal, para abrir la puerta. Fuera había un hombre vestido de payaso, con su pintura y traje, incluyendo una brillante nariz roja y redonda. Lucía un enorme logo frontal con la letra P. P de Paquito, conocido en el barrio por sus estridencias al vestir y también por sus grandes dotes profesionales.

- ¡Buenas tardes!- saludó el payaso con voz estridente. Me alegra ver que nos continúan confiando el trabajo delicado, ya por… ¿quinta, sexta vez? A este paso trabajaré en exclusiva para ustedes, ya no necesito más clientes- añadió con sorna. El Señor Caribe lo invitó a pasar y lo llevó hacia la cocina:

- Pues verá: acababa de sacar al cerdo a pasear, cuando me encontré a ese hombre muerto en el suelo. Y mira que es el segundo esta semana. Algo muy raro está pasando en esta casa. El detective Paquito inspeccionó el cuerpo y se llevó la mano a la frente, como atando cabos. Finalmente aceptó el caso.

-Ya veo. Veré lo que puedo hacer por ustedes! ¡Lo que sea por mis mejores clientes! – recalcó.

El Señor Caribe soltó una carcajada.

-¡Pues claro, señor Paquito! Ande, entre y tómese algo. Ahora que ya es costumbre que aparezcan muertos en la cocina y que detectives vestidos de payaso se encarguen de la investigación, creo que deberíamos intimar un poco. Le serviré un vaso de zumo. – comentó el señor Caribe, con actitud festiva.

Se apartó para dejar entrar al payaso, y cerró la puerta. La Señora Caribe estaba sentada en su sillón favorito, tejiendo un jersey para el cerdo-mascota. No prestó atención cuando Paquito examinó al muerto, pues con ella no iba el asunto. Estaba harta de estos fenómenos paranormales y de las extravagancias de su marido, cuyos amigos eran más que sospechosos.

-Parece estar… muerto- dijo el detective Paquito, tocando el cuerpo con un dedo. - Está tieso y no respira- aclaró.

-De eso ya nos dimos cuenta, Paquito- dijo el Señor Caribe con voz impaciente . - El caso es…¿qué podemos hacer para que dejen de aparecer muertos en nuestra cocina?- se preguntó el señor Caribe preocupado.

-Dárselo al jardinero para que lo entierre y sirva de abono- sugirió la Señora Caribe con ironía - Estoy segura de que saldrá una flor bella.- añadió.

-¡Que dices mujer! Por dios, que esto es un asunto serio.

Paquito se levantó lentamente, pensando en el siguiente paso.

-Tendré que llamar a Joseito- dijo con tono serio. Sacó una piedra de su bolsillo y la lanzó fuertemente, rompiendo el cristal de la ventana en el proceso. Se oyó un chillido agudo fuera, y momentos después llamaron a la puerta. El Señor Caribe la abrió, encontrándose con un hombre vestido de bailarina.

-¡Paquito!- gritó en voz alta.

-¡Joseito!- le respondió el detective-payaso. Los dos se abrazaron fuertemente, dando pequeños saltitos. Los Caribe se miraron desconcertadamente.

-Tenemos que despertar a este hombre, Joseito.- dijo paquito, de nuevo seriamente. Los dos se pusieron a hacer tonterías: Paquito sacó unos globos e intentó inflarlos sin éxito, mientras Joseito bailaba horrorosamente. Y para asombro de los Caribe, el hombre ‘muerto’ se levantó de un salto.

-¡Ya no os aguanto más! ¡Me voy a dormir a otro lugar!- dijo, abriendo unas alas pequeñas y volando a través de la ventana rota. Paquito y Joseito se chocaron las cinco.

-¡Caso resuelto! Ahora nos vamos. No dejen de hacernos la transferencia. En este caso serán 20.000 ya que ha sido un caso fácil. Adiós- se despidió Paquito.

Los Caribe se quedaron solos en el cuarto, boquiabiertos. Un cerdo entró en el cuarto y, levantando la pata como haría un perro, meó contra la pata del sofá. La señora Caribe se encogió de hombros y continuó con la calceta.

-¡CORTEN! ¡CORTEN! A DESCANSAR TODO EL MUNDO. REANUDAMOS LA ESCENA MAÑANA A LAS 9 DE LA MAÑANA Y QUIERO A TODO EL MUNDO PREPARADO PARA LA ESCENA SIGUIENTE -anunció el director de la película subrrealista más fracasada de la historia y que nunca llegó a emitirse en ningún cine por lo mala que era.

FIN

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