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Clases de árabe

"Una maestra libanesa, cubierta con abaya, nos ha iniciado en el aprendizaje de este idioma que a mí ya me había cautivado antes de dar mis primeros pasos"

Susurros de Oriente

Geles Rivera
Geles Rivera

¿Cómo se celebra un diez en un examen de árabe? Pues con una shisha en el zoco o, al menos, así lo he hecho yo. Así he celebrado la nota y el final de curso... bueno, del primer trimestre.

Por fin, después de tanto tiempo repitiendo que quería aprender un poco de árabe, decidí inscribirme en los cursos que imparten en Fanar. El Fanar es un edificio icónico, situado en el corazón de Doha, enfrente de Souq Waqif. En árabe, la palabra "fanar" significa faro y posee un doble significado. Uno, el literal, pues este edificio con forma helicoidal supone un hito geográfico y una referencia, cual guía, en la ciudad. Pero además, Fanar, como institución, pretende ser un faro espiritual. Además de impartir clases de árabe para extranjeros, se llevan a cabo cursos sobre el Corán y se organizan actividades para aproximar esta religión a los expatriados.

Tras haber escuchado muchas opiniones de otros españoles que habían asistido a estos cursos, yo llegué a la conclusión de que el éxito de ellos dependería, como en casi todas las clases, del profesor y... ¡mashallah! Yo he tenido suerte. Una maestra libanesa, cubierta con abaya, nos ha iniciado en el aprendizaje de este idioma que a mí ya me había cautivado antes de dar mis primeros pasos.

La atracción que siento por este idioma comenzó hace unos doce años, cuando tuve un novio árabe y varios amigos de Argelia y Túnez, durante mi año erasmus en Marsella.

La verdad es que nos lo han puesto fácil. Las clases han sido amenas y nuestra profe nos transmitía motivación y cercanía. Y firmeza, claro, creo que por eso nos hemos aplicado. Hasta ahora hemos trabajado vocabulario, gramática y expresiones, pero utilizando nuestras grafías. En enero comenzamos con el alfabeto. ¡Entusiasmada estoy con ello!

Por supuesto, las clases están separadas. Yo asisto a las de mujeres y en toda esa zona del edificio, incluidos dos ascensores, está restringido el acceso a caballeros.

Por otra parte, he conocido a dos chicas españolas que son rebonicas. El siguiente curso, además, tendré el aliciente de verlas cuando asista a las clases.

Después del examen, nos paraban en recepción para buscar nuestro nombre entre los paquetitos colgados del árbol. Árbol... ¡del día nacional! Nada de espumillón dorado, no. Había cintas granates y blancas, en alusión al día Nacional de Qatar, para el que ya se está engalanando la ciudad. Y toda la recepción estaba decorada y preparada para celebrar un pequeño final de curso y honrar el espíritu nacional como suele hacer cada año por estas fechas.

Y así es como he comenzado a aprender árabe. Y quiero continuar mientras permanezca en el país. Además, aquí todo el mundo es muy receptivo cuando intentas decir unas palabras en su idioma. Yo seguiré contando qué tal van las clases. 

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