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Historia de un gran hallazgo

Cómo mi mujer y yo encontramos la tienda donde venden el mejor café de Colombia en cualquier punto de Emiratos Árabes

Zona libre

Rafael Unquiles
Rafael Unquiles

Para mi mujer encontrar el café que más le gusta en Emiratos Árabes es un problema. Hago la confesión en su nombre. Quiere que sea café colombiano y no siempre se halla en los supermercados a los que solemos acudir. De modo que desde hace ocho años, el tiempo que llevamos por estas tierras, es frecuente vernos de tienda en tienda a la búsqueda de granos molidos que pasen su estricto control. Y, la verdad, lograr el objetivo resulta complicado

Últimamente tenía las reservas cubiertas porque hace unos meses le traje directamente de Colombia varios kilos. Pero ya se terminaron, por lo que las excursiones a la caza y captura de un café digno de su paladar volvieron a comenzar. Y en eso estábamos cuando, gracias a la española María Campoy -guapa y simpatiquísima- descubrimos un lugar en Abu Dhabi, Maison Samira Maatouk, situado en el centro comercial The Galleria de Al Maryah Island, donde venden un extraordinario café colombiano recién molido, entre otras muchísimas y exquisitas variedades. 

Un sueño. Imaginen poder llegar y decirle al chico que atiende el establecimiento: "Póngame un kilo de café colombiano". Increíble.  Así lo hicimos. Y créanme cuando les digo que el aroma que invadió nuestro coche durante el traslado de semejante tesoro era insuperable. Daban ganas de no bajarse.

El problema es que nosotros no vivimos en Abu Dhabi. Vivimos en Ras Al Khaimah, a unos 230 kilómetros de distancia al norte de Emiratos Árabes, por lo que desplazarse a la capital del país tiene su organizativa, y más en estos tiempos en los que hay que superar fronteras donde debemos presentar pruebas negativas recientes de no estar contagiados con el dichoso coronavirus. Un enorme lío. El sueño se desvanecía: aunque habíamos encontrado el edén del café, no estaba al alcance de la mano. A nosotros, sobre todo a mi mujer, lo que le gusta es llegar al estante y tomar el correspondiente paquete. O personarse en el mostrador y realizar el pedido. Y eso, de momento, parecía que no era factible. O al menos no era factible para realizarlo con la asiduidad necesaria.

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Todo ello se lo explicamos a María, que es la responsable de mercadeo -en inglés se dice marketing- del establecimiento. Y nos comentó que no había problema, que Maison Samira Maatouk tiene numerosos puntos de venta en Emiratos Árabes entre los que se incluyen dos en Ras Al Khaimah, concretamente en Carrefour. La escuchamos, pero -para ser sincero- no dábamos el debido crédito a lo que nos contaba (¡no podía ser que con las veces que hemos ido a Carrefour se nos hubiera escapado un lugar donde venden café de Colombia recién molido y al peso!). Lo que hicimos fue echar en agua sus palabras y regresar a casa.

Tiempo después ocurrió lo que tenía que ocurrir: se nos acabó el café. Tocó poner en marcha una nueva búsqueda. Yo no había olvidado las palabras de María, por lo que le dije a Meli -mi mujer, guapísima- que fuéramos al Carrefour del Manar Mall. Y allí que nos encaminamos. Nada más entrar en el supermercado ella se dirigió a las estanterías donde se ubican los paquetes de café, pero, como en otras ocasiones, no había de Colombia. Decepcionada y con mala cara, echó en el carro uno alternativo. No obstante, le sugerí que buscáramos el puesto de Maison Samira Maatouk, que debía estar en alguna parte. Su excepticismo era total. Yo, en cambio, me puse a dar vueltas por aquí y por allá. No lo encontraba. Al final, cuando ya íbamos hacia la caja, le comenté que nos fuéramos por donde se encuentran las especias. Y allí, por fin, apareció, glorioso, el puesto de Maison Samira Maatouk (dejo la foto arriba para que quede constancia).

Como un resorte, lo primero que hizo Meli fue sacar del carro el paquete de café que había elegido y dejarlo por cualquier lugar. Acto seguido se encaminó al puesto y anduvo rodeándolo, poco a poco, con atención, hasta que sobre uno de los depósitos de café a granel apareció la bandera de Colombia. Su rostro transmutó. No era un sueño. Estaba despierta. Y antes sus ojos tenía su café: "Póngame un kilo de café colombiano". Y le costó 110 dirhams, a 11 dirhams los 100 gramos. Para quien le sirva.

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