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John Ewart, el escocés que se enamoró del desierto

Deja tras de sí una vida extraordinaria en la que ocupó altas responsabilidades en el British Council y recorrió junto a su mujer, la española Inocenta Sánchez, gran parte de Oriente Medio y Norte de Africa. El Memorial en su honor tiene lugar este sábado, 25 de mayo, en RAK Academy (Ras Al Khaimah)

Zona libre

Rafael Unquiles
Rafael Unquiles

La vida es sorprendente: incluso en estas áridas tierras va trazando meandros y, por fortuna, a la vuelta de una de esas curvas a veces nos encontramos con personas que se revelan como muy especiales. John Ewart (Londres, 1936 - Ras Al Khaimah, 2019) es una de ellas. Le conocí hace unos meses aquí, en Ras Al Khaimah, y pronto entendí que detrás de su simpatía y buenas maneras se escondía un escocés de corazón que ha tenido una existencia extraordinaria. Hoy, lamentablemente, todos lloramos su pérdida, en especial su esposa, la española Inocenta Sánchez, y sus dos hijos, Edward Ibrahim y Raymond Hareb.

John Ewart, durante su etapa como director del British Council en Emiratos Árabes Unidos. (Cedida)John nos ha dejado una de esas vidas soñadas por muchos. Aunque nació en la capital del Reino Unido, cuando los bombardeos de los alemanes arreciaron, tras estallar la Segunda Guerra Mundial, su padre decidió que se marchara con su madre a Escocia. Allí, en un pueblo situado junto a Edimburgo, pasó gran parte de su niñez y se forjó la identidad de un hombre políglota -hablaba seis idiomas: inglés, alemán, francés, español, sueco y árabe-, amante de la lectura y de la escritura, apasionado de la música clásica y del deporte activo (el cricket literalmente le quitaba el sueño) y que desde muy joven sintió gran atracción por el mundo árabe.

Leía ávidamente las cartas que sus tíos militares enviaban a su familia desde distintos puntos de territorios árabes, que fue donde, tras culminar sus estudios superiores de literatura y lengua alemana, acabó ocupando destacadas responsabilidades dentro del British Council, organismo que dirigió en Emiratos Árabes Unidos (EAU) durante varios años. Antes, y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, había pasado por Marruecos, Libia, Yemen, Arabia Saudita, Sudán, Líbano o Argelia.

Libia tuvo para él un significado muy particular: allí conoció a Inocenta, su esposa. En aquella época daba clases de inglés en la Universidad de Bengasi. Ocurrió hace más de medio siglo y ya nunca se volvieron a separar. Construyeron un proyecto común cuyo legado incluye destacados periodos como el vivido por Inocenta Sánchez junto a la tribu de los Khawater (leer 'Inocenta Sánchez, de la tribu de los Khawater a la inteligencia emocional).

John Ewart e Inocenta Sánchez, en su casa de Ras Al Khaimah en diciembre de 2018. (EL CORREO)A John le conocí cuando fuimos a realizar una entrevista a Inocenta para EL CORREO DEL GOLFO a su casa de Ras Al Khaimah, un contacto que se llevó a cabo gracias a la acertada intervención de la artista mexicana Myriam Kruisheer Ortega. Aquella relación pronto se convirtió en una sincera amistad que se volvió más estrecha tras aceptar John ser el responsable de la edición de los textos en inglés del Anuario 2019 que este periódico publicó el pasado mes de enero. Su trabajo resultó impecable. Meticuloso más allá del cien por cien, como corresponde a un gran profesional, algo que demostró durante toda su vida en los altos cargos que ocupó.

Resulta curioso, pero aunque la familia de John y la mía viven desde hace seis años a unos cientos de metros, nunca habíamos coincidido. A partir del primer encuentro comenzamos a frecuentar su casa, que es como a mi me gustaría que algún día fuera la mía, atestada de libros y de álbunes de fotos que son el testimonio de esa vida extraordinaria: imágenes de sus viajes por Yemen, Arabia y por otros tantos lugares en los que ha dejado su huella.

John Ewart conversa con el explorador Sir Wilfred Patrick Thesiger en Sharjah en presencia de su esposa y de su hijo Edward. (Cedida)Así descubrí que también era un apasionado de los grandes viajes y de los grandes viajeros, algunos de los cuales conoció de forma personal, caso de Sir Wilfred Patrick Thesiger (1910-2003), una leyenda del siglo XX, escritor y explorador del inabarcable desierto del ‘Empty Quarter’; o Freya Stark (1893-1993), también exploradora y escritora, y que a sus 92 años visitó a John y su esposa en su casa de Dubai.

Escribía sobre ellos, trazaba rutas y explicaba con pasión cómo habían sido los momentos que quedaron inmortalizados en su archivo fotográfico. Hablaba de Lawrence de Arabia y también le gustaba conversar sobre la Alemania que desembocó en la Segunda Guerra Mundial.

Hace apenas una semana, en una cena que compartimos junto a nuestras esposas en su casa del barrio de Khuzam en Ras Al Khaimah, me comentó que le hubiera gustado ser una mosca -no sé si dijo mosca, mosquito o insecto, fue algo así- para sigilosamente haberse colado y observar en silencio lo que ocurría en los despachos donde se decidió el destino de la Alemania de la época. Su afán por conocer no tenía límite.

En aquella cena acordamos que se iba a incorporar como columnista de EL CORREO DEL GOLFO, donde en estos días tenía previsto iniciar la publicación de textos que recogerían esos viajes y esas vidas de viajeros que tanto le apasionaban. No tengo duda alguna de que hubieran sido de gran interés para todos nuestros lectores.

John, en las ruinas de la ciudad de la Reina de Saba en Yemen. (Cedida)Pero la vida y sus meandros tienen estos desconcertantes cambios que te hacen reflexionar y en ocasiones te arrebatan, sin entender el porqué, amigos y proyectos que dan sentido a tus días.

Hoy, desde este lugar situado junto al estrecho de Ormuz y frente a las costas de irán, lamento no haber realizado una gran entrevista a John, estaba en mi agenda pero he llegado tarde. Y, por otra parte, me alegro -no saben ustedes cómo- de haber compartido con él esa última cena hace tan sólo una semana. En mi mente queda la imagen de un John alegre, vital, entusiasmado con la idea de escribir para este periódico.

No escribirá. Al menos no de forma directa. Pero creo que es una obligación rescatar sus textos y situarlos, en letra impresa, donde les corresponde. La extraordinaria vida de John Ewart no merece menos.

Descanse en paz

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El Memorial en honor de John Ewart tiene lugar este sábado, 25 de mayo, a las 11.00 horas en RAK Academy (Ras Al Khaimah). El acceso es por la puerta 5 (ver localización).

 

John Ewart, the Scotsman who fell in love with desert

He leaves behind an extraordinary life in which he had important responsibilities at the British Council and travelled along his Spanish wife, Inocenta Sánchez, throughout the Middle East and Northern Africa

Life is surprising: even on this arid soil, it gets to draw meanders and, luckily, in one of these bends, we sometimes meet people who prove to be really special. John Ewart (London, 1936 - Ras Al Khaimah, 2019) is one of them. I met him some months ago here, in Ras Al Khaimah, and I soon understood that behind his friendliness and good manners, there was a heartly Scotsman who has had an extraordinary existence. Today, we all mourn his death, especially his wife, the Spaniard Inocenta Sánchez, and his two children, Edward Ibrahim and Raymond Hareb.

John has left us the legacy of one of those lives many dream of. Although he was born in the capital of the United Kingdom, when the bombs of the Germans were intensifying right after the second World War, his father decided that he should move to Scotland with his mother. There, in a town nearby Edinburgh, he spent most of his childhood and forged the identity of a polyglot - he spoke six languages: English, German, French, Spanish, Swedish and Arabic, while being a fan of reading and writing, a passionate of classical music and active sports (cricket literally took his sleep away), as well as being attracted to the Arab World. 

John Ewart abraza a su hijo Raymond. (Cedida)He eagerly read the letters which his military uncles sent to his family from different spots of the Arab World, where he ended up taking over important responsibilities at the British Council (which he led in the United Arab Emirates for many years) after finishing his superior studies of literature and German language. Earlier, during the second half of the 20th Century, he had been to Morocco, Libya, Yemen, Saudi Arabia, Sudan, Libanon or Algeria.

Libya had for him a very particular meaning: there he met Inocenta, his wife. Back then he taught English at the University of Benghazi. It occurred more than half a century ago and they never separated since then. They built a common project which legacy includes prominent periods lived by Inocenta Sánchez with the tribe of the Khawater (see more information).

I met John when we went to interview Inocenta for EL CORREO DEL GOLFO in their house of Ras Al Khaimah, an approach that was possible thanks to the accurate intercession by the Mexican artist Myriam Kruisheer Ortega. That relationship soon became a sincere friendship, which got even stronger after John accepted to be the editor of the texts in English for the yearbook of 2019 that this newspaper published last January. His work proved to be impeccable. He was meticulous beyond perfection, as the great professional he was, he showed this his whole life in the different posts he assumed.

Jugando con su hijo Edward en la playa. (Cedida)It's interesting, but although John's family and mine were distanced by some hundred meters since 6 years ago, we had never crossed each other. After the first appointment, we started to come by their house more frequently, a house I would like to have for myself, for it was packed with books and photo albums which are the best witness of that extraordinary life: images of his trips around Yemen, Arabia and other places where he could leave his footprint.

Thus I discovered that he was also passionate of big travels and great travelers, some of which he met personally, as was the case of Sir Wilfred Patrick Thesiger (1910-2003), a legend of the 20th century, writer and explorer of the immeasurable desert of the 'Empty Quarter'; or Freya Stark (1893-1993), also an explorer and writer, who visited John and his wife in their home of Dubai when she was 92.

He wrote about them, he traced routes and explained with passion how were the moments he immortalised in his photographic files. He talked about Lawrence of Arabia and he also liked to talk about the Germany that led to the second World War.

Less than a week ago, in a dinner we had with our wives at his place in the neighbourhood of Khuzam in Ras Al Khaimah, he told me he would like to have been a fly - I don't know if he said fly, mosquito or insect, it was something like that- in order to sneak in the offices of the time and observe in silence about the fate of Germany that was being decided back then. His eagerness to know had no limits.

During that dinner, we agreed upon his collaboration as a columnist of EL CORREO DEL GOLFO, where these days he was supposed to start the publication of texts that would narrate those trips and lives of travelers he loved so much. I have no doubt they would have been of great interest for our readers.

Coche en el que John Ewart recorrió Túnez. (Cedida)

But life and its meanders have those confusing shifts which bring you some reflection and sometimes take away friends and projects -without know why- that give sense to your days.

Today, from this place next to the Strait of Hormuz, in front of the coasts of Iran, I regret not to have done a great interview to John. It was in my list, but I came too late. On the other hand, I am very happy -you can't imagine how happy- to have shared with him that last supper only a week ago. In my mind, the image of a happy and vital John remains, one who was enthusiastic with the idea of writing for this newspaper.

He will not write. At least not directly. But I think it is an obligation to rescue his texts and place them, printed, where they should be. The extraordinary life of John Ewart does not deserve less.

Rest in peace

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