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Los restos bajo la Mezquita de Córdoba avivan el debate sobre los “complejos episcopales” antes de Al Andalus

Buena parte de los investigadores consultados avalan la existencia de conglomerados urbanos ligados al obispo previos a la conquista islámica. Otros la cuestionan

Aristóteles Moreno
| 19 de Abril de 2021
  • Turistas en el interior de la Mezquita de Córdoba. (Carmen Barahona)
    Turistas en el interior de la Mezquita de Córdoba. (Carmen Barahona)

Las entrañas de la gran Mezquita omeya de Córdoba siguen encendiendo el debate historiográfico y arqueológico 90 años después de que Félix Hernández abriera por primera vez las tripas del monumento universal. La mítica basílica de San Vicente, sobre la que supuestamente se edificó el principal oratorio de Al Andalus, no ha podido ser identificada ni bajo el templo primitivo de Abderramán I ni en el subsuelo del Patio de los Naranjos, objeto ahora de una nueva prospección arqueológica desde septiembre pasado. En su lugar, se abre paso una nueva hipótesis de trabajo, defendida por los dos arqueólogos que dirigen las operaciones: Alberto León y Raimundo Ortiz. Las construcciones halladas pertenecerían a un “complejo episcopal” compuesto por un conjunto de edificios vinculados al poder del obispo, entre los cuales se encontraría la legendaria basílica, un baptisterio y un edificio palatino.

Rafael Hidalgo, profesor de Arqueología de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, comparte plenamente la propuesta de los arqueólogos. Hidalgo fue director de las excavaciones de Cercadilla, el soberbio palacio del siglo IV hallado bajo la estación del AVE de Córdoba a finales de los ochenta, y es experto en la época tardoantigua. “Todas las piezas encajan”, asegura. Lo que está claro, argumenta Hidalgo, es que las edificaciones encontradas bajo la Mezquita representan una arquitectura “claramente áulica”, es decir, vinculada con un centro de poder. La aparición del ábside refuerza esa hipótesis. Pero ojo: “El ábside es una estructura polisémica en la arquitectura tardoantigua”. De tal forma, que puede revelar la presencia de edificios cultuales pero también residenciales, aunque “siempre suntuosos”.

No son los únicos indicios de la previsible existencia del “complejo episcopal”, según el razonamiento de Hidalgo. “Tenemos tres edificios absidados bajo el oratorio primitivo y el Patio de los Naranjos. Los tres en un área muy pequeña y ejecutados con una técnica constructiva peculiar, el ‘vittatum mixtum’, muy poco presente en Córdoba”. ¿Podrían ser edificios de naturaleza civil? El arqueólogo de la Pablo de Olavide lo ve muy poco probable. “El poder civil en el siglo V no tiene capacidad para promover construcciones de esa monumentalidad en Córdoba”, asevera. En ese momento, la antigua capital de la Bética es un enclave autónomo, el imperio romano se ha derrumbado, la aristocracia patricia se ha extinguido y el obispo se alza como único poder político religioso con capacidad de impulsar programas urbanísticos de esa entidad.

Rafael Hidalgo: “El poder civil en el siglo V no tiene capacidad para promover construcciones de esa monumentalidad en Córdoba”

Rafael Hidalgo lleva más de 30 años estudiando el subsuelo de Córdoba de época tardoantigua y, salvo el gran edificio de Cercadilla y “poco más”, no hay documentadas construcciones de esa envergadura. Otra cosa es identificar la funcionalidad de los restos encontrados hasta el momento. “Eso es muy difícil. Y quizá nunca lo sabremos”, sostiene Hidalgo. “Pero que todos forman parte del mismo programa arquitectónico es indudable”, zanja.

El arqueólogo Pedro Marfil ha excavado bajo el subsuelo de la Mezquita durante 18 años a las órdenes de la Iglesia católica. Después de Félix Hernańdez, es el especialista que mejor conoce las entrañas del monumento omeya. Y ya hace 20 años que formuló su teoría sobre la presencia de una sede episcopal en el vientre de la gran Aljama cordobesa. Al contrario que Alberto León y Raimundo Ortiz, el hoy profesor de arqueología de la Universidad de Córdoba asegura que el supuesto complejo episcopal se ubicaba originariamente en Cercadilla y que a mediados del siglo VI fue trasladado intramuros para defenderse del ataque del visigodo Agila a Córdoba.

En declaraciones a EL CORREO DEL GOLFO, Marfil asegura que en sus prospecciones bajo la Mezquita pudo documentar tres fases preislámicas. La primera es del siglo VI, corresponde a la época en que Córdoba era una ciudad independiente y el obispo “construía al estilo romano” como acto de reafirmación frente a los visigodos. El mosaico expuesto al público bajo el oratorio de Abderramán I es prueba de ello, en su opinión. La segunda fase, situada ya en la cota de los 2 metros, pertenece a una breve etapa bizantina. Y finalmente aparece la edificación visigoda, más pobre que las anteriores. Pedro Marfil sostiene desde hace más de dos décadas que hay elementos materiales suficientes, como un crismón y una corona sobre crátera floreada, para certificar que nos encontramos ante un conjunto episcopal.

Con todo, el profesor de la UCO se muestra crítico con la campaña arqueológica emprendida por el Cabildo catedralicio. Primero, reprocha a sus colegas que no hayan reconocido expresamente su autoría sobre la identificación del complejo episcopal. “Están presentando como novedad un trabajo que yo ya publiqué hace 20 años”, protesta. También pone en duda la técnica desarrollada en la prospección. “Se está excavando en zanja siguiendo el muro”, cuando lo correcto, a su juicio, es abrir en zona abierta para identificar mejor la estratigrafía del yacimiento.

Pedro Marfil: “¿Cómo vas a decir que has encontrado el salón del trono del obispo si solo has excavado un muro? Se está haciendo arqueología ficción”

Pero lo más reprobable, a su modo de ver, es haber definido prematuramente la funcionalidad del edificio hallado en el Patio de los Naranjos cuando aún no hay elementos materiales de juicio para probar científicamente su naturaleza. “¿Cómo vas a decir que has encontrado el salón del trono del obispo si solo has excavado un muro?”, se pregunta Marfil. “Se está haciendo arqueología ficción”, alega. “Y afirmando cosas que son imposibles de demostrar por ahora”. Para verificar que la construcción encontrada corresponde a un atrio o sala de representación del obispo, tal como teorizan los arqueólogos contratados por la Iglesia, debería aparecer, en opinión de Marfil, la cátedra episcopal o cualquier elemento epigráfico. Mientras tanto, añade, es aventurado ubicar cada una de las edificaciones del supuesto complejo episcopal.

Tanto Hidalgo como Pedro Marfil, además de Alberto León y Raimundo Ortiz, participan de la teoría, según la cual, los complejos episcopales son modelos urbanos muy extendidos en Europa entre los siglos IV y VIII. Buena parte de los arqueólogos se abonan a esa hipótesis, que se abre paso desde los años noventa ante el avance de las excavaciones arqueológicas en los centros históricos. Es una línea de investigación mayoritaria pero no unánime. El experto del CSIC Fernando Arce Sainz es uno de sus más firmes discrepantes. El investigador no únicamente discute el carácter cristiano de las entrañas de la Mezquita de Córdoba sino que pone serios reparos a la existencia de los complejos episcopales como conjuntos urbanos claramente delimitados.

 

Señala los casos de Valencia y Barcelona, donde se han identificado en los últimos años conglomerados episcopales en el subsuelo urbano. “Es muy discutible la definición de esos supuestos complejos”, afirma Arce. “Presentan problemas interpretativos. Algunos edificios se reconocen como iglesias cuando no se pueden identificar claramente”. El investigador del CSIC argumenta que los complejos episcopales como modelos urbanos definidos se han creado “de forma forzada y con pocos avales”. De entre todas las sedes identificadas hasta ahora en España, Arce solo reconoce como realmente probada la de Tolmo de Minateda, en Albacete. Y tiene, en su opinión, características peculiares. Se trataría de una fundación visigoda del siglo VI para “contrarrestar el poder bizantino de Cartagena”, situada a 120 kilómetros en la costa levantina.

Fernando Arce: "Algunos edificios se reconocen como iglesias cuando no se pueden identificar claramente”

Y luego hay un problema de fechas. Arce sostiene que en el siglo V el cristianismo aún no tenía en España potencia económica ni social suficiente para generar arquitectura monumental. Apenas hacía una centuria que el imperio romano lo había declarado religión oficial del Estado y poco después se había sumido en una decadencia acelerada. “En el siglo V hay muy pocas iglesias cristianas documentadas. Las que tenemos bien acreditadas pertenecen ya al VI”, sostiene.  “Entonces el cristianismo no era todavía una religión mayoritaria ni tenía una visibilidad monumental tan grande”. A su juicio, el proceso de cristianización registra en España dos fases: entre los siglos VI y VIII y, sobre todo, en la etapa bajomedieval.

Desde esa perspectiva, considerar que el obispo era la única autoridad de Córdoba en el siglo V es una afirmación arriesgada. “Es una presunción. No tenemos datos inapelables sobre esa idea”, puntualiza Arce. De hecho, las primeras iglesias documentadas en la ciudad, asegura, están ubicadas en el yacimiento arqueológico de Cercadilla y se trata de edificios civiles reacondicionados como lugares de culto. Eso indicaría, según el argumento de Arce, que el cristianismo aún no disponía de recursos para promover complejos de carácter monumental.

El profesor de arqueología de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso sostiene, en cambio, que la de los conjuntos episcopales es una “hipótesis muy sólida” entre los especialistas. “Es un tema muy estudiado entre los años 2005 y 2013 y se conoce muy bien en Barcelona, Valencia, Tarraco y muchos otros enclaves de la península”, razona. Por ese lado, no alberga ninguna duda. Tampoco cuestiona la hipótesis de un conjunto episcopal debajo de la Mezquita de Córdoba. “Tiene toda la lógica”, reflexiona. Ahora bien: “El problema es demostrar y etiquetar las piedras”. Al igual que el resto de arqueólogos consultados, Monterroso opina con la cautela de quien aún no ha visto los restos de primera mano ni conoce el informe arqueológico, cuya publicación aún deberá esperar unos meses.

En contra de la opinión de Fernando Arce, Monterroso asegura que en el siglo V los obispos tienen ya la capacidad suficiente para impulsar programas arquitectónicos monumentales. En esa fecha, los espacios públicos romanos se encuentran destrozados y amortizados. El foro, el teatro, el templo y otras grandes infraestructuras imperiales habían sido saqueadas y constituían eriales en el tejido urbano. El centro de poder se ha desplazado al río, en las inmediaciones de la Mezquita, y se convive con las ruinas romanas, explica el profesor de la UCO.

Antonio Monterroso: “La arqueología no legitima nada. Es ciencia y punto. Y lo mejor es vacunarse abriendo a lo bestia”

Antonio Monterroso lanza una idea contundente. Para acabar con las continuas especulaciones sobre la identidad del subsuelo de la Mezquita lo mejor es cortar por lo sano. “Yo abriría a lo bestia”, propone. “¿Por qué? Porque Córdoba es una ciudad a la que le gusta detenerse en la duda. Si el promotor está decidido a demostrar el hallazgo, no debería cerrar el yacimiento con dudas”. Las prospecciones se iniciaron en septiembre pasado y ahora mismo hay descubierta una pequeña zanja que muestra un muro de gran porte, un mosaico y otros elementos arquitectónicos.

Los arqueólogos van a continuar excavando previsiblemente el mismo área que Félix Hernández sondeó hace 90 años. Una de las limitaciones para los trabajos viene derivada de la presencia de los naranjos que dan nombre al patio de abluciones de la Mezquita. “Los naranjos no pueden ser la razón” para no completar una excavación que Monterroso califica de extraordinaria importancia científica y cuyos resultados podrían zanjar un viejo y enconado debate. Pero avisa: “La arqueología no legitima nada. Es ciencia y punto. Y lo mejor es vacunarse abriendo a lo bestia”.

Se refiere, sin decirlo, a la polémica sobre la propiedad de la Mezquita de Córdoba reactivada tras la inmatriculación episcopal del monumento en 2006. Bajo ese prisma, la Iglesia estaría interesada en reforzar su dominio sobre el solar si se demuestra la existencia del complejo episcopal. Esa controversia sobrevuela la campaña arqueológica. Pedro Marfil lo interpreta con sus propias palabras: “Se está haciendo marketing para vender el complejo episcopal como la demostración de la propiedad cristiana de la Mezquita. Y la Mezquita de Córdoba es un patronato real, que nunca prescribirá como edificio público”.

José Carvajal: "Aunque apareciera la iglesia de San Vicente, la Mezquita de Córdoba es patrimonio de la humanidad"

Una consideración similar formula José Carvajal, profesor de arqueología islámica de la Universidad de Leicester. “El Cabildo está utilizando las excavaciones para defender una posición ideológica y quiere convertir en dogma una hipótesis”, manifiesta en conversación telefónica desde Reino Unido. “Y aunque apareciera la iglesia de San Vicente”, agrega, “la Mezquita de Córdoba es patrimonio de la humanidad y no del obispo”. Sobre los restos aparecidos en el subsuelo, prefiere ser cauto antes de aventurarse a efectuar una valoración. “Yo tengo una buena opinión de Alberto León y Raimundo Ortiz. Trabajan de forma concienzuda. Así que hay que esperar al informe arqueológico. Son los primeros a quienes hay que escuchar”. Carvajal ha sido también profesor de arqueología en Qatar, donde encontró un yacimiento islámico muy temprano.

El especialista granadino residente en Leicester conoce la teoría sobre los complejos episcopales, que se ha cimentado en los últimos años ante el avance de las excavaciones en los centros urbanos. Sobre esa hipótesis prefiere no pronunciarse porque desborda los márgenes de su especialidad. También concede crédito a los argumentos presentados por Fernando Arce, críticos con la “herencia arqueológica sobre iglesias anteriores a la conquista islámica”. Y asegura: “La existencia de la iglesia de San Vicente aún no se ha demostrado”. Por esa razón, es partidario de proseguir la prospección hasta encontrar vestigios más sólidos.

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Aparte de los ejemplos españoles, yo iría a Mértola y vería un complejo episcopal bien excavado. O leería a Claudio Torres. Vale de mirarnos el ombligo hispano.

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