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Madrugar

"Me declaro impedido para orientar a los demás, cuando muchas veces ignoro lo que debo hacer con mi vida. Afortunadamente cuento con mi faro y guía, mi amada esposa Patricia, quien es tan sabia como prudente y generosa"

Alguien amablemente me pregunta que ya que tengo un blog y una columna de opinión, por qué no aprovecho estos medios para dar consejos a los lectores, como por ejemplo, compartir el secreto de mi éxito. Es cuando he interpelado para indagar cuál es el éxito que me atribuye el interlocutor y me dice que precisamente eso, ser un diplomático que además tiene tiempo para escribir en dos periódicos diferentes. Entonces le he manifestado que con gusto le estaré respondiendo por escrito. Aquí y en este momento.

En primer lugar, agradezco que se me atribuyan condiciones extraordinarias que no poseo, como las de dar consejos. Difícilmente uno puede aconsejar a otras personas, cuando muchas veces se ignora o se duda sobre lo que puede realizarse en la propia vida. Quizás en ocasiones sobre un tema específico uno pueda sentir más confianza y dirigirse a alguien en particular, para dar una opinión, un parecer, pero de allí a sentar cátedra a un público indeterminado es otra cosa. Es por ello, que los llamados libros de auto-ayuda me producen tanta desconfianza, cómo se pueden dar fórmulas generales del llamado “éxito” a todo el mundo, sin tener en cuenta las particularidades de cada individuo.

Esto me lleva a una segunda consideración, el denominado éxito es una palabra que puede tener significados muy diferentes dependiendo –nuevamente- de cada cual. Prefiero hablar de realización personal, es decir, una situación en la cual uno se siente feliz, o al menos cómodo, con lo que hace y como vive. No lo considero algo fortuito, ni un producto del azar, como ganarse la lotería, habrá personas que afortunadamente tienen ese regalo de la suerte, como quienes heredan riquezas, o apellidos y condición social, pero al final, dependerá de cómo administran esos recursos. Para el resto de los mortales, la realización personal es fruto del trabajo y el esfuerzo. Puede que haya criminales y corruptos que reciban dinero, pero ni lo pueden disfrutar o emplear en asuntos realmente útiles. Al final la justicia o al menos la conciencia (pues de esa nunca se puede escapar) siempre deparan el castigo.

Pareciera que de todas formas, caí en la presunción soberbia de dar consejos. En mi caso, si tengo algún secreto para realizar varias cosas que me hacen feliz, como el trabajo que desarrollo, fruto de un concurso de méritos al que me presenté hace más de veinte años en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, así como escribir, como lo hago en este momento, solo puedo atribuirlo a quizás, mi única cualidad, que es la de madrugar.

Suelo levantarme muy temprano todos los días, no requiero de reloj que me despierte e intento aprovechar las primeras horas de la mañana para estudiar o para escribir y de esa manera no afectar mi ejercicio profesional, el cual suele extenderse más allá de las ocho horas reglamentarias. Ahora bien, esa fórmula muy personal no estoy seguro si puede ser aplicada en otros casos, la comparto con gusto, porque me ha funcionado y porque me parece que es una buena costumbre, pero obviamente implica acostarse temprano, si uno quiere dormir al menos seis horas de las ocho que usualmente aconsejan los expertos. Pero habrá personas que emplean mejor el tiempo en horas nocturnas, por ejemplo, me impresiona la cantidad de gente que declara que lee en la cama, antes del sueño, confieso que yo no podría hacerlo, porque simplemente me quedaría dormido antes del segundo párrafo.

Sin embargo, repito a la amable persona que me invitó a dar consejos y al querido lector que casualmente llegue hasta esta línea que me declaro impedido para orientar a los demás, cuando muchas veces ignoro lo que debo hacer con mi vida. Afortunadamente cuento con mi faro y guía, mi amada esposa Patricia, quien es tan sabia como prudente y generosa. Ese sería el segundo consejo, encontrar la pareja perfecta, pero eso es tan difícil como ganarse el premio mayor de la lotería. Lo sé, soy muy afortunado.

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Dixon Moya es diplomático colombiano de carrera, escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano El Espectador con sus apellidos literarios, en el cual escribe de todo un poco: http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/  En Twitter a ratos trina como @dixonmedellin. NOTA: En la imagen superior, un reloj situado junto a un mapamundi marca las 4 de la madrugada, exactamente la hora a la que se levanta a diario el autor de este texto.

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