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Hambre y teletrabajo

"El trabajar al lado de la cocina, con la despensa llena, tiene varios contras; primero, que podemos comer cuantas veces queramos"

Bebidas azucaradas y dulces son peligrosos para una dieta saludable.

Detribu

Marta Pérez

Me he decidido a escribir sobre el control del hambre mientras teletrabajamos porque a mí, como persona que trabajo en casa desde hace muchos años, es un tema que siempre me pasa factura, que tengo que analizar constantemente, que no puedo dejar a merced de mis emociones porque si lo hago, puedo acabar zampándome tres donuts de chocolate y crema en una tarde. Hay veces que lo llevo perfectamente bien y otras catastróficamente mal.

Me confieso una persona a la que le gusta comer -creo que ya lo mencioné en algún otro post- y además amo la comida rápida, calórica, los dulces y el chocolate. Aún así, es verdad que intento llevar una dieta ordenada durante toda la semana y mientras entreno, aunque no siempre lo consiga. Hay un día en la semana, cuando me apetece, que siempre me salto todo y me entrego totalmente a mi estado emocional -aquí os dejo un link a mi post sobre cómo gestionar las emociones para salir victorios@s de cualquier situación-. La gran mayoría de las veces, el hambre que sentimos es emocional, pero, ¿qué significa esto?

Diferencia entre hambre fisiológica y hambre emocional

Y aquí presento ya el primer consejo; mi admirado doctor Deepak Chopra afirma en varios de sus libros que es muy importante conectar con el cuerpo y reconocer cuándo tenemos hambre real. Dice que el comer compulsivamente, sin cuidar nuestro cuerpo, los kilos de más, muestran que hay algo más allá y que en muchas ocasiones pretendemos llenar un vacío -que no es el del estómago, por cierto- con lo que ingerimos.

El hambre emocional aparece para notar que estamos sintiendo alguna emoción ya sea tristeza, estrés, ansiedad, miedo, ira, frustración. Puede llegar en cualquier momento y en manera de antojo, "me apetece esto" -la gran mayoría de las veces es algo con azúcar-.  Y más allá, el hambre emocional tiene mucho que ver con cómo nos han enseñado a relacionarnos con la comida desde nuestra infancia. Una persona que ha recibido una buena alimentación en su casa, es más difícil que acabe teniendo este tipo de comportamientos tóxicos.

Por otro lado, las personas a las que los momentos de "felicidad", de vacaciones, de fines de semana, de celebración, se les ha relacionado con comida rápida, calórica, dulces, etc, y que durante la semana no acostumbraban a tomar verduras y a llevar una dieta equilibrada, es más fácil que se les presente este tipo de situaciones de abuso de alimentos. Hay que tener en cuenta que, desde la parte orgánica, los fritos o las harinas contienen altas dosis de azúcares o disparan la glucosa en sangre, que no es muy distinto de lo que produce una droga en el cuerpo, una sensación momentánea de felicidad. Al final lo que estamos haciendo es suplir un "vacío" con un "subidón de azúcar".

En cambio, el hambre fisiológica se muestra como un vacío en el estómago, sentimos esa sensación y no entiende de caprichos, más bien busca la supervivencia del organismo.

¿Qué sucede cuando estamos teletrabajando?

El trabajar al lado de la cocina, con la despensa llena, tiene varios contras; primero, que podemos comer cuantas veces queramos; el desayuno, el café, el aperitivo, la comida, la merienda, la cena. También se encuentra la posibilidad de descansar después de comer, que incita a que nos sirvamos platos más copiosos. Si estás fuera trabajando, tienes que conducir o en la oficina, es más complicado que se te apetezca un buen guiso, más bien un sandwich rápido y saludable. Además, si se nos presenta una situación estresante, alguna reunión imprevista, tener que realizar un documento a última hora, si no sabemos controlar lo que estamos sintiendo, lo más probable es que lo apacigüemos con unos pistachos o una patatas fritas. Al final, se trata de conectar mente y cuerpo y saber qué está pasando.

¿Cómo controlar el hambre mientras teletrabajamos?

1. Siempre conectar con nuestro cuerpo, aprender a saber cuándo tenemos hambre real y también identificar si hemos comido lo suficiente y no necesitamos más.

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2. Evitar tener en casa ultraprocesados, chuches, dulces, chocolates y aperitivos poco saludables. Cuanto menos accesibles sean, mejor.

3. Planificar las comidas y aperitivos con antelación, así el hambre no nos pillará por sorpresa. Las infusiones son grandes aliadas, es mejor no abusar del café y la teína, nos pueden provocar más ansiedad y ganas de comer.

4. Comer cada tres horas para no llegar al almuerzo y a la cena con mucha hambre. Ingerir alimentos nutritivos y saludables.

5. No seguir cuentas de comida en las redes sociales. Yo dejé de seguir bastantes cuentas de productos alimentarios porque siempre que me salían sus platos me apetecía comer.

6. Marcarnos horarios de trabajo y actuar como si estuviéramos en la oficina. Podemos poner una hora para comer e incluso 30 minutos para descansar después del almuerzo o hacer otras tareas pendientes. Aprovecha también las ventajas del teletrabajo y organízate como te venga mejor.

7. Haz ejercicio y estira tu cuerpo cada dos horas. Es importante mantenernos activos, ir al gimnasio, salir a correr o hacer yoga antes o después del trabajo.

8. Cuando te entren ganas de tomar algún capricho piensa que es algo momentáneo, ponte a hacer otra cosa o mira algo que te motive a no ingerir ese alimento. No pasa nada, siempre lo podrás tomar, comerlo o dejar de hacerlo no es una decisión de vida o muerte. Seguro que hay otro día que te apetece más.

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Comentarios

El problema más común (al menos en Sudamérica) es cuando trabajas y siempre tu heladera está vacía.

Hola Teresa, gracias por tu comentario. Sí, esa sería otra cara del mismo prisma porque, al final, el no poder organizar las comidas, por falta de cualquier recurso, puede derivar en que acabemos comiendo algo rápido y de mala calidad y con más hambre de la cuenta. El otro día hablaba con mi padre y le comentaba que a veces no sabemos gestionar el dinero que gastamos en comida.

Gracias por tus palabras.El tema es comer para vivir y no vivir para comer. Muy interesante tu columna.Soy una de tus seguidoras.

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